Quien busca encuentra, aunque otra cosa sea.
Hombre anciano, cuando muere poco llorado.
Caballo que es bueno, no ha de menester mucho sonar de su timbre.
Las cartas que una mujer desea recibir de un hombre son aquellas que él no debería escribir jamás.
Como quitarle el poto a la jeringa.
El que no llora no mama.
No hay cuesta arriba sin cuesta abajo.
La mujer tiene que arreglarse, la joven para agradar y la vieja para no espantar.
Bolsa llena, quita las penas.
Esto son habas contadas.
A mi amigo quiero por lo que de él espero.
El uso hace al maestro.
La crianza aleja la labranza.
El que da pan a perro ajeno, pierde el pan, pierde el perro.
Ni la novia sin cejas, ni boda sin quejas.
Agua del cielo no quita riego.
Mira a quien está sobre ti como a tu padre, y a quien está debajo como a tu hijo.
Por San Mateo, tanto veo como no veo.
Afana, suegro, para que te herede; manto de luto y corazón alegre.
Justo es el mal que viene, si lo busca el que lo tiene.
Igual me da estar arriba que abajo, si soy el que trabajo.
Qué bien se trilla fuera de la parva.
En la cancha se ven los gallos.
Más grandes las gentes, que sus dirigentes.
El hombre teme el paso del tiempo y el tiempo teme el paso de las pirámides.
Dichas y quebrantos nos vienen de lo alto.
Tarde roja y negra mañana alegran al peregrino
Abril, deja las viñas dormir.
Villano terco y cazurro, nunca cae del burro.
Nunca falta un roto para un descosido, ni una media sucia para un pie podrido.
Juglar que mucho canta, poco yanta.
Cuanta más prisa tienes más tropiezas.
El que habla de más, cansa; y el que habla de menos, aburre.
Andallo, mi vida, andallo, quien no puede a pie, que vaya a caballo.
La pizca, bien racionada, que el pisco no pone nada.
Burro suelto del amo se ríe.
A quien has acallado no le hagas llorar.
El agua que en otoño corre, es la que te saca de pobre.
Es más infeliz que una mata de habas.
Cuanto más primos, más adentro.
Ciertas son las trazas, después de las desgracias.
Lo que uno no quiere, otros lo desean.
Alegrías secretas, candela muerta.
No hay provecho propio sin daño para otro.
Caballo manso, tira a malo; mujer coqueta tira a puta; hombre bueno tira a pendejo.
Es como la gatita de Maria Ramos, que tira la piedra y esconde la mano.
Al comer retoños de bambú, recuerda al hombre que los plantó.
Dámelo perezoso, y te lo daré vicioso.
A escote, no hay pegote.
El dinero vaya y venga y con sus frutos nos mantenga.