No hay mejor remiendo que el de la misma tela.
Al bueno por amor y al malo por temor.
Puta y buena mujer, no puede ser.
Hay burros que su bien no conocen, y cuando les rascan dan coces.
El que ambiciona lo ajeno, pronto pierde lo propio.
Para prosperar, vender y comprar.
Cuando los de Anaya perdieron la mula, para unos desgracia para otros fortuna.
Amor de madre, ni la nieve lo hace enfriar.
En la casa y en la fosa, el hombre vive y reposa.
La imprudencia abre la puerta, y la pereza la mantiene abierta.
Lo que bien se aprende, nunca se pierde.
El que desprecia un centavo deseará después un peso.
La buena solera hace el vino de primera.
Necesitado te veas.
La amiga y la espada antes dada que prestada.
Nunca un peligro sin otro se vence.
La barca pasa, pero el río queda.
El trabajo sin reposo, convierte a Juan en un soso.
De luengas vías, luengas mentiras.
Por el árbol se conoce el fruto.
Si escuchas a ambas partes, se hará en ti la luz; si escuchas a una sola, permanecerás en las tinieblas.
Quien al cielo escupe, en su cara repercute.
El amor es una flor de primavera entre dos personas que se desarrolla en verano y no se marchita en invierno.
La pera y la doncella, la que calla es buena.
Ve a menudo a casa de tu amigo, porque la maleza puede borrar el camino.
Quien un mal habito adquiere, esclavo de el vive y muere.
Cada cual habla según como le fue en la feria.
Rotas las raíces del loto siguen unidas sus fibras.
El que está debajo del peral, coge la mejor pera.
Al amigo cuando lo pruebas, a veces chasco te llevas.
Barriga llena, no cree en hambre ajena.
Olvidado y nunca sabido, viene a ser lo mismo.
Yo que se lo proponía, y ella que lo apetecía.
Para el culo de una mujer y la mano de un barbero, siempre es Enero.
Irse a chitos.
La necesidad carece de ley.
La cerda vistiendo seda, igual de marrana queda.
Cuando ya no se ama se pierde de golpe la memoria
Pesar compartido, pronto es ido.
Dios nos libre de la cólera de un hombre manso.
La inteligencia es como los calzones, hay que tenerla pero no hay que mostrarla.
Con el tiempo que pasa se conoce el corazón del hombre.
Por San Andrés, la nieve en los pies.
No hay muerte más desastrada que la vida deshonrada.
Un amigo es como una letra de la que no recordamos el importe y no conocemos la caducidad
Muchos pocos hacen un mucho.
Quien por su gusto padece, que vaya al infierno a quejarse.
Quien bien quiere, bien obedece.
Abracijos no hacen hijos, pero son preparatijos.
De donde menos se piensa, salta la liebre.