Saber es poder.
El enamorado que no es pulido, luego es aborrecido.
La boca del justo profiere sabiduría, pero la lengua perversa será cercenada.
Conciencia ancha, la bolsa ensancha.
Mi marido va a la mar, chirlos mirlos va a buscar.
Es tan bueno, que confunde las películas con la realidad.
La modestia es la auténtica belleza de una mujer
Quien entre perros camina, fornica en cualquier esquina.
El mejor maestro se sienta en tu silla.
Buenas palabras me dice, y a la espalda me maldice.
Del que mucho cela a su mujer, guardate como de Lucifer.
Mala señal es para la moza cuando la llaman señora.
El trabajo mata al asno, pero no mata al amo.
Por ir mirando a la luna, me caí en la laguna.
O jugamos todos o pinchamos el balón.
Compra de quien heredó, y nunca al que lo sudó.
Lo que no fue tu año no fue tu daño.
Mejor prevenir que lamentar.
Poco puede hacer el valor sin la discrección.
El ocioso vale para la plaza pero no para el trabajo.
Mujer llorona, es puta o ladrón.
Para ser tonto, los libros son estorbo.
Flor sin olor, le falta lo mejor.
Oigamos, pero no creamos hasta que lo veamos.
Vaca de dos amos, ni da leche ni come grano.
Besos a menudo mensajeros son del culo.
Cuando tu ibas, yo venia.
Del mal, el menos.
Quien no tiene otro querer, se acuesta con su mujer.
Cuando se pide con fe no hay mujer que no lo dé.
Negocian los hombres sabios, disimulando injurias y sufriendo agravios.
A cada ermita le llega su fiestecita.
No siempre el mejor camino es el más corto.
La prisa es la madre de la imperfección.
Para el pobre, hasta su noche de bodas es corta.
Ni por vicio ni por fornicio, sino para su santo servicio.
Dios pone el remedio junto a la enfermedad.
El hábito no hace al monje, ni la venera al noble.
Quien lleva toda su vida a su mujer sobre la espalda, cuando la deja en el suelo, ella dice: ¡Estoy fatigada!.
Donde no hay pan, se va hasta el can.
No retengas a quien se va, ni rechaces a quien llega.
Faldas largas, algo ocultan.
Lo bueno aborrece y lo malo apetece.
Del lunes la luna es buena.
Todos los días son días de aprender, y de enseñar también.
Hurtar para dar a Dios, solo el deminio lo aconsejó.
Nunca te apures para que dures.
Solo una puerta no abre el martillo de oro: la puerta del cielo.
De los placeres sin pecar el más barato es el cagar.
A barbas honradas, honras colmadas.