Quién quisiere vivir sano, coma poco y cene temprano.
El amor y la tos no pueden ocultarse.
Haz como la campana, que tañe y calla.
El que quita la ocasión, quita el peligro.
Abril, deja las viñas dormir.
Dios da, nunca vende.
Al pasar San Antón, sastres al sol.
Jugar y pasear cuando no hay que trabajar.
La suerte está echada.
En casa donde hay suegra, no hay hora buena.
Hasta el cuarenta de mayo no te quites el sayo
Breve habla el que es prudente.
Lo que promete con el vino, se olvida por el camino.
Pronto y bien, rara vez juntos se ven.
Cuando Dios cierra una puerta, abre una ventana.
El amor que se lleva el viento, que te sirva de escarmiento.
La muerte a unos da buena a otros mala suerte.
Amores, dolores y dineros, no pueden estar secretos.
Cantad al asno y soltará viento.
Allí haz a tu hijo heredero, donde anda la niebla en el mes de enero.
Daños, engaños y desengaños, frutos son de los años.
Llegar y pegar, Matías, no es para todos los días.
A todo coche, le llega su sábado.
Toma y daca.
Médico y confesor, cuanto más tarde mejor.
Maña y saber, para todo es menester.
Dar una de cal y otra de arena.
Cuando el español canta, o ha llorado o no tiene blanca.
La ocasión asirla por el guedejón.
Acostarse temprano y levantarse temprano hacen al hombre saludable, rico y sabio.
De cuando en cuando, al desgaire, echa una canilla al aire.
Lo que fuere sonará.
La ciencia avanza a pasos, no a saltos
De poniente, ni viento ni gente.
Gota a gota, el agua es broca, que al fin horada la roca.
Luce y reluce el buen vino, en buen vaso cristalino.
Estoy que no me calienta ni el sol.
La suerte nunca da, solo presta.
La paciencia cura todos los males, pero ¿cuántos tienen suficiente paciencia hasta que se cure el mal?
El mal trago pasarlo pronto.
Fortuna gira sobre una rueda, que nunca está queda.
Cuando el dinero habla, la verdad calla.
Vino y amores, de viejo los mejores.
Pesar compartido, pronto es ido.
Hay que poner tierra de por medio.
Al pan pan y al vino vino, y el gazpacho con pepino.
La distancia hace a las montañas más azules.
La prisa se tropieza en sus propios pies.
A consejo ido, consejo venido.
Cada cual echa sus cuentas; unas veces va errado y otras acierta.