Honra y dinero no caminan por el mismo sendero.
A quien en alabar lo bueno se queda corto, mírale el rostro.
La naturaleza tiene que obedecer a la necesidad.
El buen vino, de sí propio es padrino.
De la risa al duelo un pelo.
La diligencia es madre de la buena ventura; y la pereza, su contraria.
El amigo no es conocido hasta que está perdido
El que la hace, la paga.
El que a pueblo ajeno va a casar, o va engañado o va a engañar.
De buenas intenciones, está empedrado el infierno.
Todo tiene fin, hasta los higos del confín.
Pollo nuevo y vino anejo, hacen mozo al hombre viejo.
Quien en ti se fía, no le engañes.
La virtud hace nobles y el vicio innobles.
Bueno es tener amigos, aunque sea en el infierno.
La paciencia es buena ciencia.
Aceite de oliva, todo el mal quita.
La ocasión abre la puerta del pecado, evítala y evitarás el peligro.
Amigo leal y franco, mirlo blanco.
Ansias de grandeza y amistad no están nunca en sociedad
Buena muerte es buena suerte.
Quien desprecia, comprar quiere.
Al hombre por el verbo y al toro por el cuerno.
A la prima, se le arrima.
Haz aquello que quieras haber hecho cuando mueras.
Quien lleva toda su vida a su mujer sobre la espalda, cuando la deja en el suelo, ella dice: ¡Estoy fatigada!.
A la mañana el blanco y el tinto al serano.
No se pierde lo que se dilata.
Como es la madre, así es la hija.
Los bienes son para remediar los males.
La ausencia causa olvido.
Belleza y riqueza juntas, casi nunca.
Quien pide para candela, no se acuesta sin cena.
El infierno está lleno de buenas intenciones y el cielo de buenas obras.
Primero comer, que ser cristiano.
Los mejores negocios se hacen entre susurros.
Alforjas llenas quitan las penas.
Dios perdona siempre, los humanos a veces, la naturaleza nunca.
Comprar y vender excelente camino para enriquecer, que trabajando, solo has de padecer.
Quien envidioso vive, desesperado muere.
Cada vez que uno ríe quita un clavo del ataúd
A Roma por todo.
Ante Dios, todos somos iguales.
La caridad empieza por casa.
En la amistad no se mira la obra sino la voluntad.
Entre la santa y el santo, paredes de cal y canto.
La mujer en la cocina es una mina.
De esta vida sacarás lo que disfrutes nada más.
El Dios (el hombre divino) está siempre en los éxitos, y el hombre (terreno) en sus fracasos.
Me fui a confesar con un padre capuchino, y me puso de penitencia que me casara contigo.