El pobre puede morir; lo que no puede es estar enfermo.
Un hombre de respeto debe ser reservado, reflexivo y valiente en la batalla; todos (los hombres) deben mantener el buen humor hasta que el fin les llegue.
Año de hongos, año de nieve.
Quien no se arriesga no cruza el río
¡Somos gente pacifica y no nos gusta gritar! (Transición española)
La lluvia no se queda en el cielo.
Quien no canea, calvea.
Boda de hongos, llámala bodorrio.
A falta de hechiceros lo quieren ser los gallegos.
El que manda, no va.
Nieves en la tierra, abundancia en la vega.
No hay mejor equipaje para llevar encima que la cordura y la mente clara. En tierras lejanas es más útil que el oro y saca al pobre de los apuros.
No hay moros en la costa.
pajero como tenedor de oveja.
El primer amor se parece a las primeras nieves; raramente perdura
Quien escucha lo que no debe oye lo que no quiere.
Ni hagas ni seas lo que en otros afeas.
Por los reyes, el hielo y la nieve crecen.
Si te molesta que te mientan, no preguntes.
Cada cosa a su tiempo, y los nabos en adviento.
El hombre casado, ni frito ni asado.
La ambición y la venganza siempre están hambrientas.
El frío conoce al desnudo y el mosco al arremangado.
Con nieve en enero, no hay año fulero.
A falta de caballos, que troten los asnos.
Hay mejores peces en el mar de los que se hayan podido pescar hasta ahora.
Los patos marinos anuncian nieve.
Por los santos, la nieve el los altos y el frío en los campos.
Ocasión y naipes, a todos hacen iguales.
Ni reír donde lloran, ni llorar donde ríen.
El que no habla, no yerre.
Como turco en la neblina.
Año de avispas, año de nieves y ventiscas.
Una sola vez no es costumbre.
Averiguelo, Vargas.
Este navega con banderita de pendejo.
No puede impedirse el viento. Pero pueden construirse molinos.
Entre padres e hijos no metas los hocicos.
Costumbres hacen leyes, que no los reyes.
Pan duro, pero seguro.
Orejas de burro.
Entre bueyes no hay cornadas.
¡Qué te fagorizen! (publicidad española de finales de los 60. FAGOR).
Ni en Agosto caminar ni en Diciembre navegar.
Para las salchicas demasiado largas, el remedio es sencillo.
Barre la nuera, lo que ve la suegra.
La morena, de azul llena.
Reinos y dineros no quieren compañeros.
El que nada duda, nada sabe.
Freír todo el arenque para comer las huevas