Leña de romero y pan de panadera, la bordonería entera.
Criados, enemigos pagados.
Hay ayudas que son lavativas.
Libros cerrados, no hacen letrados.
Ama a quien no te ama, responde a quien no te llama, andarás carrera vana.
Animal en campo raso, es del que le ponga el lazo.
Dineros y amores, diablos y locura, mal se disimulan.
Hablar hasta por los codos.
Agua de llena, noche de angulas.
La tonsura el padre se las deja a los hijos.
Muchos van por Lana y vuelven trasquilados.
Los defectos son como los olores: los nota más la persona de al lado que el que los lleva
De Jaén, o fuleros o malajes.
Emplea palabras suaves y argumentos fuertes.
Despacito por las piedras
Gente de montaña, gente de maña.
Favores: quien menos los merece, menos lo agradece.
Amigo lejos, amigo muerto.
Parejo como las calles de León.
Casadme, padres, casadme, que el cuerpo me arde.
Muchos que parecen Cordero, son lobos carniceros.
De prometer a dar, hay unas lenguas de mal andar.
Entrañas y arquetas, a los amigos abiertas.
Obras vea yo; palabras, no.
Ni estopa con tizones ni mujer con varones.
Con el mismo cuero las correas.
Viejos los cerros y reverdecen
Sumisiones anticipadas, pretensión parecen.
A mi, mis timbres.
El hombre ladino, estando entre extraños no bebe vino.
Entre bueyes no hay cornadas.
Carta cortés, cada dos renglones, mentiras tres.
Ajuar de la forastera: dos estacas y una estera.
La mejor leña está donde no entra el carro.
Loro viejo no aprende a hablar.
Abad de Somosierra, hartos de nabos y berzas.
Esas perlas, perdónalas, por tener que engarzarlas.
Con bolsillo ajeno, todo el mundo es limosnero.
A falta de caballos, que troten los asnos.
Apaga la luz, Mañosón!
A dineros dados, brazos quebrados.
Cerezas y mentiras, unas de otras tiran.
Manden unos, manden otros, los tontos siempre nosotros.
Cartas cantan.
El enemigo del padre no es amigo del hijo
Lo poco gusta, lo mucho cansa.
Amigos que no dan y vecinos que no prestan, quedar mal poco cuesta.
Faena que tu bolsillo llena, buena faena.
Los mejores negocios se hacen entre susurros.
Hay señor mándame todo percance, mándame males añejos; pero lidiar con pendejos, no me lo mandes señor.