Yo soy feliz, dijo. Naturalmente, se trataba de un necio.
Los hombres envejecen cuando sus lamentos reemplazan a sus sueños.
Hombre de cojón prieto, no teme aprieto.
Quien de valor hace alarde, tiene mucho de cobarde.
Las penas, o acaban, o se acaban.
Proclamo en voz alta el libre pensamiento, y que muera el que no piense como yo
Las injurias o bien vengadas o bien aguantadas.
De nadie esperes lo que por ti mismo hacer pudieres.
Pregunta al hombre con experiencia, no al hombre con estudios.
A la vejez, cuernos de pez.
A muy porfiado pedir, no hay que resistir.
Un duro y un vaso de buen vino son los mejores amigos, y en caso de mucho apuro, si no tienes el vaso, ten el duro.
Ni asno rebuznador, ni hombre porfiador.
Reloj y campana, muerto mañana.
Favor de señores y temporal de Febrero, poco duraderos.
Palos con gusto no duelen.
Solo me queda concluir en que, cada día que pasa, estás más cercana nuestra muerte, por eso vivamos cada día con intensidad como si fuese el último.
Cumple con tu deber, aunque tengas que perder, si dichoso quieres ser.
Huir por vileza es vergüenza, evitar un peligro es prudencia.
La mujer es gente en la letrina.
El celoso no puede ser jocoso.
La mujer y la gallina, por andar se pierden aína.
Antes cabeza de ratón que cola de león.
La amabilidad es arma más noble para conquistar.
Hacer favores, empollar traidores.
Del cerdo me gustan hasta los andares.
A la justicia y a la inquisición, chitón.
Las esposas y los maridos por sus obras son queridos.
Dos capitanes hunden el barco.
El ladrón piensa en el robo, y el preso en la libertad.
La malicia hace sucias las cosas limpias.
Gobierna mejor quien gobierna menos.
Ni tan calvo ni con siete pelucas.
Más caliente que un brasero, la bragueta de un herrero.
Mande la razón y obedezca la pasión.
En el medio está la virtud.
Hay mujeres que, como la leña de corcha, tienen tres arderes.
Con los años que me sobran y los dientes que me faltan no me cambio con usted.
Las estrellas inclinan pero no obligan.
Maldiciones de putas viejas, no comprenden mis orejas.
Más fácil entra un camello por el ojo de una aguja, que un rico entre al reino de los cielos.
Gran tormenta, a los débiles amedranta.
El que huye, obedece.
Al alcalde y a la doncella, no les diga nadie: "Si yo quisiera.".
El que por su gusto corre, nunca se cansa.
Esa negrita chiflada, no paga desbraguetada.
Joven madrugador, viejo trasnochador.
Dar consejo es virtud de segundo orden.
Da asistencia y cariño donde se necesite.
Intenta reunir en tu casa numerosos amigos antes que manadas de bueyes