Ojos que no pueden ver, de vidrio tienen que ser.
Los dueños de casa activos hacen a los inquilinos cuidadosos.
Ir por los extremos no es de discretos.
Solo el más necio no aprende lo que los necios enseñan.
El que con tontos anda es por sacarles la pasta.
Juntos pero no revueltos.
Cuando el sabio llerra, el necio se alegra.
Emplea palabras suaves y argumentos fuertes.
Para cada hombre sabio hay un más sabio.
Más grandes las gentes, que sus dirigentes.
El hombre sabio aprende a costa de los tontos.
El dinero al ignorante, lo hace necio y petulante.
Aquí el más tonto hace relojes.
Quien dinero tiene, come barato y sabio parece.
A gente villana, pocas palabras y ésas, claras.
Zumo de uvitas suaves, ¡qué bien sabes!.
Quien bien imagina, llámese adivina.
Lo que saben dos, lo saben ellos y Dios; lo que saben tres, ciento lo sabrán después.
Maña y saber, para todo es menester.
Palabras melosas, siempre engañosas.
Progresa en su negocio quien ha pensado en él de antemano.
El arte de ser sabio es el arte de saber que ignorar.
Saber más que Merlín.
Hombre ocioso, hombre peligroso.
Más valioso que el dinero, es un sabio consejero.
Vale más el que sabe más.
Nadie es sabio en todas partes.
La fortuna es madrina de los necios.
Un hombre es tan sabio cuanto a su cabeza, no cuanto a sus años.
Mujeres xuntas, ni difuntas.
Cada uno en su negocio sabe más que el otro.
Del necio, a veces, buen consejo.
Quien algo quiere ser, algo ha de comprender.
Del agenciosos se hace el caudaloso.
En los grandes aprietos, crece el entendimiento.
Entre bellacos, virtud es el engaño.
Los sordos no oyen, pero componen.
Ser amable es ser invencible.
Ramos mojados, ésos mejorados.
Sumisiones anticipadas, pretensión parecen.
Lo que unos inventan, los otros lo aumentan.
Dichosos los ojos que te ven.
Los muros ensordecidos, a veces tienen oídos.
Hablando se entienden los blancos.
La ciencia siempre es decente, y la ignorancia insolente.
Buenas cuentas, conservan amistades.
Dichosos los tiestos que salen a la botija.
Los que saben más tretas, pierden más pesetas.
El hombre puede pasar por sabio cuando busca la sabiduría; pero si cree haberla encontrado es un necio.
Hablando nos entendemos.