La mujer y la manzana han de ser asturianas.
A los buenos, Dios se los lleva; y a los malos aquí se quedan.
Consejo de quien bien te quiere, escribelo aunque no lo apruebes.
A canto de pájaro y a gracia de niño no invites a ningún amigo.
Viste a la escoba y parecerá señora.
La memoria, en la vida, en la muerte y en la gloria.
Fingir ruido por venir a partido.
Agua corriente no mata a la gente.
Es más vago que la quijá de arriba.
Nunca falta quien te dé un duro, cuando no estas en apuros.
El que nada sabe, de nada duda.
Quien no arrisca, no aprisca.
Lo ajeno más que lo propio parece bueno.
Del empréstito, a veces, o ganarás amigo, o le pierdes.
Tarea hecha a destajo no vale por mil y mil no valen por una.
Bebo lo tinto y meo lo claro.
Nunca faltan rogadores para mitigar las penas.
Hay quien va a por lana y vuelve trasquilado.
A marido ausente, amigo presente.
Para el que no tiene capa, tan bueno es el Rey como el Papa.
La única razón por la que el universo es infinitamente grande, es por que el ser humano es infinitamente pequeño.
Para que alcance siempre tiene que sobrar.
A gallego pedidor, castellano tenedor.
Los defectos son como los olores: los nota más la persona de al lado que el que los lleva
Solo deja para los demás lo que no quieras hacer tú mismo.
El que come poco y bien, vive mucho y mejor.
A la larga, lo más dulce amarga.
Hoy es discípulo de ayer y maestro de mañana.
Donde mores no enamores.
Cuando escribas alguna carta, leéla despacio antes de enviarla.
¿Qué haces, hacedor?. Trabajar para el que duerme y está al sol.
Quien en presencia te teme, en ausencia te perjudica
De riqueza y santidad, la mitad de la mitad.
Barájamela más despacio.
Fea y con dote, trae a muchos en el bote.
No somos ríos, para no volver atrás.
Amigo y de fiel empeño; es el perro con su dueño.
Juzgan los enamorados, que todos tienen los ojos vendados.
Hombre mezquino, no pida ayuda a su vecino.
Al enemigo, ni agua.
Gusta más la preparación que la función.
No hables mal de las mujeres si te espera una en casa.
Sabe agradecer la honra a quien te la hace y dona.
Quien de servilleta pasa a mantel, no hay quien pueda con él.
Debajo de una manta, ni la fea te espanta.
Trance peligroso es tener por las orejas al lobo.
A maestro de espada, aprendiz de pistola.
Hechos son amores y no buenas razones.
Dios da, nunca vende.
Los ojos lo curiosean, y el corazón lo desea.