Para los toros del jaral los caballos de ahí mesmo.
Puro de Cobán, solo comen y se van
De los tuyos hablarás, pero no oirás.
Primero son los presentes que los ausentes.
Abeja muerta, ni miel, ni cera.
Entre pitos y flautas.
Antes di que digan.
En los tiempos cuaresmales, los ponientes, vendavales.
Monjas y frailes, putas y pajes, todos vienen de los grandes linajes.
Parientes y señor, sin ellos se está mejor.
Por andar recosechando otras milpas, cosechan las tuyas.
Esto son habas contadas.
Duélete carnero, que hay fiesta en el pueblo.
No es lo mismo uno en su tierra, que en tierra ajena.
La posteridad solo te pertenece cuando tus nietos juegan en tu puerta.
Borriquillo moruno, vivo cual ninguno.
Ni fíes, ni porfíes, ni arriendes y vivirás bien entre las gentes.
Haz lo que creas que está bien.
La tierra no es una herencia de nuestros padres sino un préstamo de nuestros hijos.
Ya están las migas en la poyata, y el que se descuide no las cata.
A río crecido, sentarse en la orilla.
Los ladrones y los nabos no quieren ser ralos.
Hasta los animales se fastidian.
Ni por casa ni por viña, cases con mujer mezquina.
No des la hacienda antes de morir, que los tuyos te harán sufrir.
Bendita la casa que a viejos sabe.
si bebes el agua, sigue la costumbre.
Habla de tu pueblo y hablaras del mundo.
A palabra necias, oídos sordos.
Común conviene que sea quien comunidad desea.
Padre arriero, hijo caballero, nieto pordiosero.
Es de sabios, cambiar de opinión.
Hacienda de señores, cómenla los administradores.
El que tiene tierra, tiene guerra.
Obrada de San Andrés, ni la prestes ni la des.
Quien sabe, sabe.
La tierra no tiene sed por la sangre de los guerreros sino por el sudor del trabajo del hombre.
De codorniz; de perdiz; de vaca y de urraca.
Juanes y burros, en cada casa suele haber uno.
Lentejas, comida de viejas.
Agrandado como alpargata de pichi.
Cura y médico de aldea, por ellos vengan lo que desean.
Pronto pasan al olvido los muertos y los idos.
No sufras por calenturas ajenas.
Chica aldea, ni pan duro ni mujer fea.
Cada cual a lo suyo.
Dando gracias por agravios, negocian los hombres sabios.
Chico pueblo, grande infierno.
Los hijos de mis hijas, mis nietos serán; los hijos de mis hijos, en duda estarán.
Me lo contó un pajarito