Hay cabalgadura que le viene grande su herradura.
La ciencia hace soberbios, la fortuna, necios.
La comprensión siempre llega más tarde.
Ningún hombre puede ser feliz si no se aprecia a sí mismo
Una buena reputación es como un ciprés, que, una vez cortado, jamás da ya ramas.
La falta del amigo hase de conocer, no aborrecer.
Las lágrimas de una viuda rica se secan pronto.
Nadie es un gran hombre para su mayordomo.
La ofensa se olvida en una noche, el beneficio en un día
Perdiendo aprendí; más vale lo que aprendí que lo que perdí.
La muerte nos iguala a todos.
El hambre y la suerte esquiva, son fuentes de la inventiva.
El cuchillo no conoce a su dueño.
El amor no se oxida
A clérigo hecho fraile, no le fíes tu comadre.
Ni raja, ni presta el hacha.
Para el que no tiene capa, tan bueno es el Rey como el Papa.
Ofensa hace a los buenos quien a los malos perdona.
La paciencia no está entre los jovenes.
Que se le mantenga alejado de papel, pluma y tinta; así podrá dejar de escribir y aprenderá a pensar
Un pie calzado y otro descalzo
Cura y médico de aldea, por ellos vengan lo que desean.
No le pido a Dios que me dé, sino que me ponga donde hay.
Viuda honrada, su puerta cerrada.
El amor que se lleva el viento, que te sirva de escarmiento.
Mas hechos y menos golpes de pecho.
Vísteme despacio que tengo prisa.
Al que le falta ventura, la vida le sobra.
El mozo perezoso, por no dar un paso da ocho.
Porrazo no es desconsuelo, sino quedarse en el suelo.
El que vive prevenido, nunca sufre decepciones.
Vale más ser envidiada que envidiosa.
Son necesarios los amigos hasta en casa del diablo
Zurrón de mendigo, nunca bien henchido.
No hay caballo, por bueno que sea, que no tropiece algún día.
El hombre astuto, hasta de los males saca buen fruto.
Da un dátil al pobre y disfrutarás de su verdadero sabor
Valiente es el ladrón que lleva una lámpara en su mano.
Todo tiene su precio, pero hay precios que no merece la pena pagar.
Ese no es santo de mi devoción.
El hombre casado, ni frito ni asado.
Una hermosa puerta embellece una fea fachada
Estima y ocasión, son buenas para el corazón.
Aunque tengas sesenta consejeros, aconséjate primero a ti mismo
En la desgracia habita la felicidad y en la felicidad se oculta la desgracia.
No te enamores hasta el punto de no saber cuándo llueve
Pregunta al hombre con experiencia, no al hombre con estudios.
Ni hombre tiple, ni mujer bajón.
El que tiene boca, se equivoca.
No hay atajo sin trabajo, ni rodeo sin deseo.