Lluvia y nieve por enero, son anuncios lisonjeros.
Queriendo hacerlo mejor, a veces estropeamos lo que está bien hecho.
Lo que hacemos en la vida, tiene su eco en la eternidad.
Lleva siempre tu camino y no mires nunca el de tu vecino.
Quien no da nudo, pierde punto.
Duerme el leal lo que al traidor le place.
Más vale fracasar en el intento que no intentar algo por temor al fracaso.
No hay amor sin dolor.
Hacer el primo.
El más cristiano se alegra, si se le muere la suegra.
Lo que no quieras para ti, no lo quieras para nadie.
El llanto sobre el difunto.
Un mal juicio conduce a malas decisiones.
Contestación sin pregunta, algo barrunta.
Al mal pintor se le quedan calvos los pinceles.
Amor de lejos, amor de pendejos.
Añorar el pasado es correr tras el viento.
A la iglesia no voy porque estoy cojo, y a la taberna, poquito a poco.
Los hijos, cuando son pequeños, entontecen a sus padres; cuando son mayores, los enloquecen.
Año lluvioso, échate de codo.
Ira, miedo y celos fieros, son muy malos consejeros.
Amor con celos, causa desvelos.
El pelo se pierde, la calvicie nunca.
Al engaño, con engaño.
Aquella que la alza una vez, la alza siempre.
Rostro, del fuego; piernas, del río; y del pecho aparta el frío.
De los hombres se hacen los obispos.
Más vale acostarse sin cena que levantarse con deuda.
Un hombre cojo aún puede montar a caballo, un hombre sin manos aún puede pastorear ovejas y un hombre sordo aún puede matar; mejor es estar ciego que arder en la pira funeraria. Son los muertos quienes no pueden hacer nada.
La buena suerte se pasa, y el saber se queda en casa.
El ladrillo mal regado y bien barrido, y el empedrado, mal barrido y bien regado.
La fortuna es ciega y no sabe con quien juega.
El dueño del perro no obedece a su perro.
Haz bien, no te arrepientas, haz mal, te esperará a la vuelta de la esquina.
Haré, haré, más vale un toma que dos te daré.
Sin trabajo no hay recompensa.
Hechos son amores y no buenas razones.
Caja abierta y culo a besar, a nadie se le puede negar.
Más haces callando que gritando.
Muchos pocos quieren los que no son locos.
Un muerto abre los ojos al vivo.
Tierra por medio, para poner remedio.
Ni mesa sin pan, ni ejército sin capitán.
No hay cosa que no tenga su contra.
Ni buen consejo de moza, ni buena camisa de estopa.
Tienen el mismo principio, pero no igual, el sueño y la muerte.
Una y no más Santo Tomás.
Enemigos me de Dios, y amigos no.
Déjate de tanto refrán, y empieza a buscar el pan.
Hacer como el carpintero: medir dos veces, para cortar una vez.