Desde los tiempos de Adán, unos calientan el horno y otros se comen el pan.
Quien anda con lobos a aullar aprende.
Bueno es tener amigos, aunque sea en el infierno.
Huele peor el pedo ajeno que el propio.
Jugando, jugando, se dicen agrias verdades de cuando en cuando.
Madrastra, madre áspera.
En carnaval todo pasa, hasta los novios a las casas.
La juventud de un hombre jamás morirá, a menos que él la mate.
Ajo, agua y resina; a joderse, aguantarse y a resiganrse.
Da Dios alas a la hormiga, para morir más aína.
¿Cómo hay que vivir al lado de la gente? ¿Obra desconsideradamente, vive, el que sostiene y eleva a los hombres?
Cuervos vienen, carne huelen.
El que manda, manda.
Hombre de muchos oficios, maestro de ninguno.
De bromas pesadas, veras lamentadas.
De las palabras, no el sonido sino el sentido.
Quien bien ata, bien desata.
Bueno por un huevo y ruin por dos, aléjemelo Dios.
El que al pedir abusa, a cambio recibe una excusa.
Tal es la suerte de todo libro prestado: que es perdido a veces y siempre estropeado.
Tu secreto debe pasar a ser parte de tu sangre.
De ahora en adelante yo sere mi propio comandante. (Frase ingenua dicha por los "abuelos" al acabar la mili).
Cuando Dios no quiere, los santos no pueden.
El hombre afortunado tiene pan y amigos
Moza casada con un viejo, mal parejo; mozo casado con una vieja, mala pareja.
Nunca le hagas a nadie, lo que no te gusta que te hagan a ti.
Joven, guapa, con dinero y a mi puerta viene a llamar, ¡trampalantrán!.
Dar a manos llenas significa repartir en pequeñas partes lo que fue robado a lo grande
Puedes darle un consejo a alguien, pero no puedes obigarlo que lo siga.
Ama a quien te ama y contesta al que te llama
Para el solano, agua en mano.
La pasión y el odio son hijos de bebidas que embiagan.
Arrimar uno el ascua a su sardina.
La mujer compuesta grita al marido de otra puerta.
Agrada, quien manda.
Los cachos como los dientes duelen al salir, después se come con ellos.
Dos perros pueden matar a un león.
Dinero olvidado, ni agradecido ni pagado.
Ser un mordedor de pilares
Pereza, madre de pobreza y abuela de vileza.
Un hombre ocioso es compañero de juegos del diablo.
Con mujer que tiene dueño, ni sueño.
Esto de mi casamiento es cosa de cuento; cuanto más se trata, más se desbarata.
De trigo o de avena, mi casa llena.
Pájaros de otoño, gordos como tordos.
Guárdate de robar al oprimido y de robar al incapacitado. No hurtes la palabra del anciano. Al que obra mal, su orilla del río lo abandona, y su crecida le arrebata; el trueno es fuerte y los cocodrilos perversos.
Cuando tú vas, yo vuelvo.
Tienen los que pobres son la desgracia del cabrito: o morir llegar a ser cabrón.
Todos los días son días de aprender, y de enseñar también.
Los ojos se fían de ellos mismos, las orejas de los demás.