La suerte y la muerte no escogen.
Callemos, que el sordo escucha.
Cuando pase la ocasión, ásela por el mechón.
Casa en la que vivas, viña de la que bebas y tierras cuantas veas y puedas.
Al guardar el trigo, no quiero parientes ni amigos.
Mucho te quiero perrito; pero de pan, poquito.
Progresa en su negocio quien ha pensado en él de antemano.
El hábito es una camisa de hierro.
Gran poder tiene el amor, pero el dinero mayor.
Afanar y no ganar, doy al diablo tal afanar.
Florecillas en el trigo, pegujal medio perdido.
El que hambre tiene, con pan sueña.
Si al anochecer relampaguea, buen día campea.
Más presto se harta el cuerpo que el ojo.
El amor refresca como el rocío
La envidia es carcoma de los huesos.
Da y ten, y harás bien.
Más cura el tiempo que soles y vientos.
Está como aji titi.
Chica aldea, ni pan duro ni mujer fea.
El hombre que consigue ver las cosas pequeñas tiene la mirada limpia.
Madruga y verás, trabaja y habrás.
Mujer enferma, mujer eterna.
Al freír, será el reír y al pagar será el llorar.
El que sonríe en vez de enfurecerse es siempre el más fuerte.
A hombre jugador y a caballo correlón, ¡ay qué poco les dura el honor!.
Amor, opinión y fortuna corren la tuna.
Dios hace lo que quiere, y el hombre, lo que puede.
No hay sábado sin sol, ni mocita sin amor, ni viejo sin dolor.
Del viejo, el consejo; de la vieja, la conseja.
Una buena fuente se conoce en la sequía y un buen amigo en la adversidad.
A invierno lluvioso, verano abundoso.
Cántaro vacío, con solo aire hace ruido.
A la bota, darla el beso después del queso.
El Abad de Compostela, que se comió el cocido y aún quiso la cazuela.
Palabras sin obras, barato se venden.
Nadie sabe lo que vale un duro, hasta que no lo pide con apuro.
Novia sin cepas, novio con quejas.
Mal agüero, antes las berzas que el granero.
La reputación dura más que la vida.
Donde la malicia sobra, falta el entendimiento.
El pan caliente, mucho en la mano y poco en el vientre.
Quien abierta su arca deja, si le roban, ¿de quién se queja?.
Que curioso es el hombre, nacer no pide,vivir no sabe, morir no quiere.
Hacer la plancha.
Estoy hasta las manos.
Lo hablado se va; lo escrito, escrito está.
Yo que la buscaba, y ella que no se quiso esconder, se juntaron el hambre con las ganas de comer.
¡Ay putas, y como sois muchas!.
Otro tiempo vendrá, y el que hoy no puede, podrá.