Recoge el heno mientras el sol brilla.
Hijos y hogar, son la única verdad.
Alábate, Pedro; alábate, Juan; que si no la haces tú, nadie lo hará.
La posteridad solo te pertenece cuando tus nietos juegan en tu puerta.
Dios castiga, sin palo y sin cuarta.
A persona lisonjera, ni oírla siquiera.
Sal derramada, quimera armada.
Quien la verdad dice: ni peca, ni miente.
La alegría da miedo
La naturaleza tiene que obedecer a la necesidad.
Dar de comer al diablo.
El ocioso e incapaz, carga es para los demás.
No acortes el paso, no aflojes ni desmayes.
Quien poca tierra labra y bien la cultiva, que ponga al granero vigas.
Tal es la suerte de todo libro prestado: que es perdido a veces y siempre estropeado.
Entre bellacos, virtud es el engaño.
La victoria viene de Dios, pero la batalla la debe librar el soldado
Para disfrutar hay que empezar por olvidar
Amor de asno, coz y bocado.
Dios, si da nieve, también da lana.
Lo que hoy somos descansa en lo que ayer pensamos, y nuestros actuales pensamientos forjan nuestra vida futura.
Habladas o escritas las palabras, sobran las que no hacen falta.
Del árbol caído, todos hacen su asiento.
Acuéstate sin cenar y amanecerás sin deuda.
A viña vieja, amo nuevo.
Todo el orgullo y la opulencia paran en siete pies de tierra.
El uso hace al maestro.
El buen pagador no necesita prenda.
Arriba, siempre arriba, hasta las estrellas
En caso de duda, la más tetuda.
Todos son unos, muertos y difuntos.
Yunta buena o yunta mala, el buer arador, bien ara.
Te lo digo a ti, mi nuera; entiendelo ti mi suegra.
Lo que nada nos cuesta hacerlo fiesta.
El trabajo y el comer, su medida han de tener.
A quien pasa a la otra vida, se le olvida.
Después de la resaca viene la pleamar.
Azúcar y canela, hacen a la vida buena.
Las ideas están exentas de impuestos.
Fuiste doncella y viniste parida; ¡cuántas te tendrán envidia!.
Quien siembra, siega.
Mal ajeno, para el nuestro no es consuelo.
El nuevo paga novicial.
Déjate de tanto refrán, y empieza a buscar el pan.
De la buena hierba me libre Dios, que de la mala me libro yo.
Alábate, burro, que nadie te alaba.
La muerte a nadie perdona.
A cada ermita le llega su fiestecita.
Nadie está obligado a lo imposible.
Come para vivir, pero no vivas para comer.