Claridad, y no en el caldo.
Una onza de vanidad deteriora un quintal de mérito.
A la mesa, de los primeros; al trabajo, de los postreros.
El más cristiano se alegra, si se le muere la suegra.
La alegría es el mundo de la libertad
Ni el tiempo ni la marea esperan por nadie.
Cada día, trae y lleva penas y alegrías.
Al cuerdo o al hábil, todo le es fácil.
El inferior paga las culpas del superior.
La avaricia rompe el saco.
Variante: Si la envidia fuese tiña, ¡qué de tiñosos habría!.
A ti te digo hija, para que entienda la hijastra.
A donde vas bien. A donde más se tiene.
Donde las dejan, las cobran.
Grabemos los agravios en la arena y las gentilezas en el mármol.
Mañana de expectacion tarde de decepcion.
Caja abierta y culo a besar, a nadie se le puede negar.
El que bien tiene y mal escoge, por mal que le vaya que no se enoje.
Lo que uno no quiere, el otro lo desea.
Tener tiempo libre conlleva muchas ventajas
En lugar ventoso, tiempo sin reposo.
Pan no mío, me quita el hastío.
Las mujeres por poco se quejan y por menos se ensoberbecen.
Aviniente y crudo, que así lo quiere el cornudo.
La cara bonita y la intención maldita.
Oración de ciegos, mal rezada y peor pagada.
A la mujer feliz, la vida le ha de sonreír.
Encontré hoy, comeré hoy. Mañana? Bien... Dios es grande.
Mujer hermosa y buena espada, de muchos son codiciados.
Ni al jugador que jugar, ni al gastador que gastar, ni al avaro que guardar.
Tal vendrá que tal te quiera.
Cada tierra bien su fruto lleva; más no el que tu quieras.
Cuando hay un sitio en el corazón, lo hay en la casa.
Ventana abierta, pajaro que vuela.
Lo que va viene.
Al buen amigo, dale tu pan y dale tu vino.
Heredad por heredad, una hija en la vieja edad.
Fortuna y ocasion, favorecen al osado corazón.
El hombre lo pide, y la mujer decide.
El que anda en silencio, cazar espera.
Padre, hijo y abuela, tres cucharas y una cazuela.
Quien va sin apuro, camina seguro.
A dos palabras tres porradas.
A la gente alegre el cielo la ayuda
Molino cerrado, contento el asno.
El buen hombre vale más que las grandes riquezas.
Cuando el hombre más tiene, más quiere.
Cuatro cosas hay que en darlas está su valer: el dinero, el placer, el saber y el coño de la mujer.
Oficio, bueno o malo, da de comer al amo.
De cornudo o de asombrado, pocos han escapado.