Para San Antón, gallinita pon.
Ni tanto que queme al santo ni tan poco que no le alumbre.
Ahorrar y más ahorra, que contigo vive quien lo ha de gastar.
Olla cada día, aún siendo buena hastía.
Ni con toda hambre al arca, ni con toda sed al cántaro.
Industria, riqueza, ocio y pobreza, una familia entera.
El pato que quiere pasar por cóndor termina siendo ganso.
Muchas gracias por la flor, ya vendre por la maceta.
La buena hilandera, con el rabo del asno, hilaba su tela.
El valiente vive hasta que el cobarde quiere.
El amor es una ratonera; entra el ratón, cuando quiere, pero no saldrá cuando quiera.
El vendedor de habas siempre dice que cuecen bien.
Las tumbas se abren a cada instante y se cierran para siempre.
De necios es huir de consejos.
El mal vecino ve lo que entra y no lo que sale.
El burro sabe a quien tumba y el diablo a quien se lleva.
Tanto más te agaches más el culo se te ve.
Las calamidades son la piedra de toque de un hombre valeroso.
El que va a las Indias es loco, y el que no va es bobo.
Al capón que se hace gallo, azotallo.
Del viejo, el consejo; y del rico el remedio.
Aunque me veas vestida de lana no soy borrego.
Más vale pajarito en mano que pichón en el campo.
Bien barato estaría el pan, si no lo comiera el holgazán.
De tu casa a la ajena, con la barriga llena.
Capa de pecadores es la noche, señores.
El que mucho habla, poco acierta.
Tempero de San Miguel, guárdete Dios de él.
Da tus cuentas justas, porque la última, asusta.
Donde hay hambre no hay pan duro.
El que está bien no para hasta que se pone mal.
Si la palabra vale una moneda, el silencio vale dos.
El que no tiene buey ni cabra, toda la noche ara.
El que anda en silencio, cazar espera.
El que se acuesta con hambre, sueña con viandas.
Los animales feroces no se matan nunca por placer. Solo el hombre lo hace
Hablar por la boca del ganso.
A preñada, hasta que para, y a la parida, cada día.
Madrastra, ni de cera ni de pasta.
Matanga dijo la changa.
Brilla por su ausencia.
Al miserable y al pobre, la pena doble.
Belleza y dinero, primero lo postrero.
Más vale pálido una vez que cientas colorado.
No hay fuego más ardiente que la lengua del maldiciente.
Tantos días pasan de enero, tantos ajos pierde el ajero.
Nada con nada, total nada.
En gran río, gran pez, más ahógase alguna vez.
Abaja acá, gallo, que estás encaramado.
Hiciste como Blas, ya comiste, ya te vas.