Mujer pecosa, mujer candela.
Quien te conocio ciruelo y ahora te ve guindo.
Ocho días antes se arremanga el fraile.
Hijos criados, duelos doblados; y casados, redoblados.
Date a deseo y olerás a poleo.
Zapato de tres, del primero que llega, es.
El que regala, no vende; pero sorprende.
Hoy figura, mañana sepultura.
Refranes que no sean verdaderos, y Febreros que no sean locos, pocos.
Sin violencia permanece y prospera en medio de sus libros y pinturas, existe la ciudad de Tenochtitlan.
Huyes de la mortaja y te abrazas del difunto.
Uñas largas, con guantes de seda se tapan.
Hijos y duelos nos hacen gastar pañuelos.
Niebla en alto, lluvias en bajo.
El caracol donde nace, pace.
Tal para cual, Pedro para Juan.
Dar una de cal y otra de arena.
Casa sin madre, río sin cauce.
Mentiras y olas, nunca vienen solas.
La hermosura, revuelta, mas la fea, ni compuesta.
Agua tardera, agua maicera.
Calores, dolores y amores, matan a los hombres.
Cada día, su pesar y su alegría.
Hay tres cosas que no se pueden ocultar: el humo, el amor y un camellero con su camello por el desierto.
Cada pardal a su espigal.
Por San Martín siembra el ruin.
Hacer la del humo.
Las caras nos vemos, más los corazones no.
Para cruzar un río y dar dinero, nunca seas el primero.
Niebla que amanece, levanta y no agarra, buen tiempo que no falla.
Amor loco, hoy por ti y mañana por otro.
Si te queda el saco.
Ni primavera sin golondrina, ni alacena sin harina.
Como la mosca es Arteaga; donde se para "la caga".
La sugestión obra.
Quien vive de recuerdos, vive entre muertos.
¿Qué puede el humo hacerle al hierro?
Por miedo a los gorriones, no se deja de sembrar cañamones.
Partí una, partí dos, partí tres..., salieron vanas. Las palabras de los hombres son como las avellanas.
Llover sobre mojado, mil veces ha pasado.
El justo debe imitar al bosque de sándalo, que perfuma el hacha que lo lastima.
A nuevos tiempos, nuevos usos.
Ausentes y muertos, nadie se acuerda de ellos.
Favores en cara echados, ya están pagados.
Agua vertida, mujer parida.
Ajo que salta del mortero, ya no lo quiero.
No hay árbol como el nogal, ni fruta como el madroño, ni cosa que encaje mejor que lo que sabes en él.
Modesto obsequio que encierra gran afecto.
En Febrero, sale la lagartija del agujero.
Te quiero Andrés, por el interés.