Lo de menos es comerse la vela, lo malo es cagar el pabilo.
Cumplir cada uno su deber a nadie sino a Dios temer.
El mejor sol es el que calienta hoy
Prefiere la deshonra de la caída, a la deshonra de las muletas.
Un antiguo amor nos atormenta como la caries de un diente
Bien sabe la chica, en donde le pica.
Madre, casarme quiero, que dormir sola me da miedo.
Grabemos los agravios en la arena y las gentilezas en el mármol.
Boca con boca se desboca.
La Justicia y la muerte igualan a todos los vivientes.
Quien se refugia debajo de hoja, dos veces se moja.
Las lágrimas de los buenos no caen por tierra, al contrario van al cielo, al seno de la divinidad.
Las palabras ásperas hieren más de una flecha envenenada.
No hay mejor salsa que el hambre.
El ocio no quede impune; quien no trabaje, que ayune.
Es más seguro ser temido que ser amado
El que pide en exceso, le dan lo que envuelve al queso.
Jamás rico será el que lo de otro en lo suyo no meterá.
Variante: En casa del ahorcado no se ha de nombrar la soga.
¡Qué grande será la madre, que hasta Dios quiso tener una!.
El que porfía mata venado.
A amor mal correspondido, ausencia y olvido.
A quien tiene ropa y duerme en el suelo, no le tengas duelo.
Para que quiere cama el que no duerme.
Al miedo plata; y al amor cariño.
Donde llega el agua hay riqueza; y donde no, pobreza.
Por la noche juju y por la mañana burra muerta.
Aunque se cubra de sedas, el perro huele mal.
Ajo que salta del mortero, ya no lo quiero.
Año de hongos, año de nieve.
Vale más muerto que vivo.
En Octubre, el hogar de leña cubre.
El que debe y paga, descansa.
Ni mejor porque el concejo lo pide, ni peor porque lo olvide.
No hay mejor condimento que el hambre.
El hambre es el mejor cocinero.
Casamiento por amores, no darán fruto esas flores.
No hay mejor ciencia que paciencia y penitencia.
Al que huye del trabajo, el trabajo le persigue.
Una espina en el ojo.
Pronto será un limosnero el que no puede decir no.
No hay virtud y nobleza que no abata la pobreza.
La que no anda precavida, al fin tiene su caída.
Comadre andariega, donde voy allá os fallo.
A palabras vanas, ruido de campanas.
El que paga a lo primero, pierde a lo postrero.
Quien no ahorra la cerilla cuando puede, no tiene una peseta cuando quiere.
La fortuna al temeroso desprecia y al osado ayuda.
La desgracia de un loco es dar con otro.
No entra en misa la campana, y a todos llama.