Ni el rey ni el papa de la muerte escapa.
No hay borracho que coma lumbre.
En la tierra del ciego, el tuerto es rey.
Chiquita, pero matona.
Pronto y bien no hay quien.
El que más mira menos ve.
Que la haga el que la deshizo.
Por decir "¡viva San Roque!", me metieron prisionero; ahora que estoy en prisiones, "¡viva San Roque y el perro!".
La pisada del amo, el mejor abono.
Adulándote, necio y malo te hará tu amigo, censurándote, sabio y bueno te hará tu enemigo.
Las indirectas del padre Cobos.
Buey viejo, surco nuevo.
Al bueno buscarás y del malo te apartarás.
Del todo no muere el que deja por donde se le recuerde.
Tiene la cola pateada.
Berza, ¿por qué no cociste?. Cochina, porque no me revolviste.
Del mal que uno huye, de ese muere.
Reino dividido, reino perdido.
La que de treinta no tiene novio, tiene un humor como un demonio.
Da a los ricos lo suyo, a los pobres lo tuyo.
A la mañana el blanco y el tinto al serano.
Nunca falta un roto para un descosido.
Tres personas con las que nunca deberías hacer negocios: La demasiado impaciente, la demasiado ambiciosa y la demasiado desesperada.
Quien ahorra una peseta cuando puede, tiene un duro cuando quiere.
La suerte la pintan calva.
Por tu ley, y por tu rey, y por tu grey, y por lo tuyo morirás.
Me lamentaba de no tener mejores zapatos hasta que vi un hombre que no tenía pies.
Al que le caiga el sayo, que se lo ponga.
El hombre teme el paso del tiempo y el tiempo teme el paso de las pirámides.
El Rey reina, más no gobierna.
Al fregar los platos solo acuden los mentecatos.
Cualquiera está en su deber, de no dejarse joder.
Aunque veas pleito ganado, vete con cuidado.
El mal trago pasarlo pronto.
Al buen amigo, con tu pan y con tu vino; y al malo, con tu can y tu palo.
Buey muerto, vaca es.
El buen enero, frío y seco.
Nunca peca por estulto, quien sabe escurrir el bulto.
Quien va despacio y con tiento, hace dos cosas a un tiempo.
Nadie muere motón.
Quien mea claro y pee fuerte, enseña los huevos a la muerte.
Ovejas y muchacha, al atardecer a casa.
La hora más obscura es justo antes del amanecer.
Recio llama a la puerta el que trae mala nueva.
Predícame, cura, predícame, fraile, que por un oído me entra y por el otro me sale.
Considera enemigo a aquel que al agraviarte lo hace solo con intención
El que se fue a Tocopilla perdío su silla
Más vale poco que nada.
Que tu corazón se enderece: aquí nadie vivirá para siempre.
Más verga que el Trica programando.