Rodilla de lana a su dueño engaña.
Quien ríe y canta su mal espanta
La liebre a la carrera y la mujer a la espera.
Ortiga me quemó y mastranzo me sanó.
El caballo conoce por la brida al que lo guía.
Llama el dinero al dinero, y el holgar al caballero.
El hábito no hace al monje.
No mantengas más gatos que los que cazan ratones.
Usted no puede enseñar el camino al gorila viejo.
Los toros van con los toros, los bueyes con los bueyes
Tarde piaste pajarito.
A la justicia y a la inquisición, chitón.
Si quieres tener la tusa, persigue bien la merusa.
Si el cura se resfría, hasta el monaguillo tose.
El mejor cazador, miente más que caza.
Dos por el conejo pelean, y llega el tercero y se lo lleva.
Hay que saber sacrificar la barba para salvar la cabeza.
De Gumiel de Izán, ni hombres ni pan.
Del hombre arraigado no te verás vengado.
Amigo traidor, una buena cuerda y colgado al sol.
A cordero extraño, no agasajes en tu rebaño.
Bonito era el diablo cuando niño.
Un ángel para prestar y un diablo para cobrar.
Me juzgaba desgraciado por la falta de zapatos, hasta que vi a un hombre que no tenía pies.
Ratones, arriba, que no todo lo blanco es harina.
Como poroto de la chaucha.
Boca sin dientes, casa sin gente.
El perro es más sensato que la mujer, puesto que no le ladra al amo.
Abaja acá, gallo, que estás encaramado.
Qué te crees la última chupada del Mango!
Muerte la gata, los RATONES bailan.
Más discurre un hambriento que cien letrados.
Entre camellos nadie se burla de las jorobas.
Adulador; él es tu enemigo peor.
Del agua mansa se asombra el perro.
Debajo de cualquier yagua vieja, sale tremendo alacrán.
Cada poema un silbido, como los que el viejo aquel de mi bloque, lanzaba cada mañana en cuanto ponía un pie en la calle, por si el perro que había perdido hacía veinte años, andaba por los alrededores.
No es para cualquier chiflar a caballo.
Berzas y nabos, para en uno son entrambos.
Es caballero, no el que tiene caballo, sino el que tiene dinero.
A mono viejo no se le hace morisqueta.
Manda, manda, Pedro y anda.
El labrador antes sin orejas que sin ovejas.
Una maja de hierro, a fuerza de ser afilada, puede convertirse en una aguja.
Con paciencia y con maña, un elefante se comió una araña.
Mejor es el varón prudente, que el fuerte.
Romero ahíto saca zatico.
El que huye, obedece.
A cada paje, su ropaje.
Dos cuervos no se sacan los ojos.