Al loco y al aire, darles calle.
Donde hay saca y nunca pon, presto se acaba el bolsón.
Honra sin provecho no duerma bajo mi techo.
En los meses de erre, en piedra no te sientes.
A la luz de la vela no hay mujer fea.
Zapatero remendón, suela vieja y almidón.
A quien te engañó una vez, jamás le has de creer.
Hay que poner las cartas sobre la mesa.
Más perdido que perro en misa.
Según San Andrés, el que tiene cara de tonto, lo es.
Buey suelto, rey muerto.
No falta un burro en un mal paso.
Quien no puede dar en el asno, da en la albarda.
Ya acaecido el hecho, llega tarde el consejo.
De hombres es errar y de bestias porfiar.
Quien prestó, perdió.
El aburrimiento lo padecen aquellos que no han vivido nada o han vivido demasiado
Adiós, Blas y que Dios te lo pague, ya te vas.
Por San Miguel, quita el riego a tu vergel.
Tabernero que bebe, termina donde no debe.
Chico llorón, boca abajo y bofetón.
Por hacer rico a mi yerno, me fui al infierno.
La mujer ha de saber, primero puta que buena mujer.
Más atrasado está el fulano, que pelotas de marrano.
Es más tonto que mandado hacer de encargo.
Nada tiene al que nada le basta.
Pasar de largo te conviene en lo que ni te va ni te viene.
La violencia es el refugio de las mentes pequeñas.
La fe no tiene miedo.
Paga el puerco lo que hizo el perro.
Variante: Acuérdate, nuera, que serás suegra.
Cuando hay sospechas, haya cautela.
El infortunio hace sabios y la buena fortuna , sandios.
Si dices la verdad, ya tienes un pie en el estribo.
Este navega con banderita de pendejo.
La curiosidad anda en busca de novedad.
De pena murió un burro en Cartagena.
Los pecados son de los hombres, no las instituciones.
Quien te adula, te traiciona.
Zorros en zorrera, el humo los echa afuera.
Aunque te veas en alto, no te empines, porque es condición de ruines.
La mentira dura mientras la verdad no llega.
Bestia alegre, echada pace.
Siempre que ha de hablar un lisiado, en la puerta un jorobado.
A mucho porfiar, ¿quién se resiste?.
La novia, de contado, y la dote, de prometido.
Por las cuentas del rosario, puede subir al pecho el diablo.
El que se alegra del mal del vecino, el suyo le viene de camino.
El burro de San Vicente carga la carga y no la siente.
Si te aplauden, nunca presumas hasta saber quién te aplaudía.