Panojal que embarba, garojo que desgrana.
Belleza y dinero, primero lo postrero.
No es virtuoso quien no se alegra con la virtud.
Amistad de boca, larga parola y cerrada la boca.
El necio no escarmienta sino en su cabeza.
Zapatero haz tus zapatos, y déjate de otros tratos.
No es nada, que del humo llora.
Viendo al payaso, soltando la risa.
Al fregar los platos solo acuden los mentecatos.
Fiar del mozo y esperar del viejo, no te lo aconsejo.
No vacíes tu vientre a todo el mundo ni dañes la consideración que de ti tienen.
La mentira es justa cuando, por hacer bien, la verdad se oculta.
Con la cruz en el pecho, pero el diablo en los hechos.
A quien habla a tus espaldas, el trasero le responde.
Limpio de polvo y paja.
Carta cortés, cada dos renglones, mentiras tres.
A tu marido muéstrale el culo, pero no del todo.
Cuando la intempladez llama, fiebre amenaza.
Casa chica infierno grande.
Nunca viene una desgracia sola.
No hay medicina para el miedo.
No a todos les queda el puro nomás a los trompudos.
Ni hermosa que mate, ni fea que espante.
A las mujeres bonitas y a los caballos buenos los echan a perder los pendejos.
Algo sabe el que no sabe, si callar sabe.
Oficio ajeno, dinero cuesta.
Pedo con sueño no tiene dueño.
Al hombre de rejo, vino recio.
Quien más tiene, menos suelta.
Amigos que admiten regalos, ¡malo, malo!.
El que se enoja pierde.
A la bestia cargada el sobornal la mata.
El que vino a Gumiel y no bebió vino, ¿a qué coños vino?.
Guardas bien y no sabes para quien.
El que ha de besar al perro en el culo, no ha menester limpiarse.
La visita como el muerto , a los tres días huele mal.
El pobre no tiene consuelo ni con la subida del sueldo.
Una buena palabra alegra, una mala hiere.
Putas viejas, al mercado, que ya el pie se ha despertado.
El amor y el reinar, nunca admiten compañía.
A mujer bonita o rica, todo el mundo la critica.
Con beatas y beatos, mucha vista y poco trato.
A espalda vuelta, no hay respuesta.
¿De qué se ríe un tonto?. De ver reír a otro tonto.
Mal haya la espina que de suyo no aguija.
No ofende quien quiere sino quien puede.
A veces con tuerto, el hombre hace derecho.
Nadie sabe lo que vale un duro, hasta que no lo pide con apuro.
El avariento nunca está contento.
El que no habla, no yerre.