Al enemigo honrado, antes muerto que afrentado.
Humildad y fiereza, todo en una pieza.
El vicio envilece y la virtud ennoblece.
La mejor fraternidad es la desgracia.
El que cree en espantos, hasta de la camisa se asusta.
Dar la soguilla para sacar la vaquilla.
Pasar por alto el gran saco de los defectos propios y censurar el saquito de los defectos de otro.
A nadie le huelen sus peos ni sus hijos les parecen feos.
Mira tus culpas y tus penas, y olvídate de las ajenas.
Ruéganla que se pea, y cágase.
Más vale gordo que dé risa que flaco que dé lástima.
El ingrato por un favor, coces cuatro.
Fía poco, del que tiene horror al mosto.
Peor está que estaba.
De mala vid, mal sarmiento.
La honestidad excesiva raya en la estupidez.
La virtud es tan desdeñada como la riqueza estimada.
Un abismo llama a otro y un pecado a otro pecado.
Aburrimiento y nervios son contagiosos
Hay tres cosas que destruyen al hombre: el vino, el orgullo y el enojo.
Malo es tener mozo, pero es peor serlo de otro.
Cuando se desahoga el sentimiento, la pena es menos.
Es tan chaparro que cuando se sienta en el suelo, le cuelgan los pies.
En la boca del discreto, lo público es secreto.
Más exitado que Joaquito en la marcha del orgullo gay.
En mentando el ruin de Roma, por la puerta asoma.
La misma virtud no escapa a los golpes calumniosos.
La pereza y el fracaso, andan cogido del brazo.
Al que mucho se agacha, el culo se le ve.
Un paso en falso se hace deplorar toda la vida.
Por la barriga y la ubre, la que es vaca se descubre.
Nadie, nadie se conmueve, por la sed con que otro bebe.
El centavo mal habido corrompe al peso honrado.
Los defectos son como los olores: los nota más la persona de al lado que el que los lleva
Más fea que una patada en la canilla.
Cuando uno esta en malas, hasta la mujer se le niega.
A gran prisa, gran vagar.
Quien bueyes ha perdido, cencerros se le antojan.
Comed bueno, cagad fuerte, que pronto vendrá la muerte.
El vicio es más peligroso cuando se pone la vestimenta de la virtud.
Ningún rencor es bueno.
La mula de los Robledos, es mero sudor y pedos.
De pequeña pelea nace muy gran rencor.
Quien se mete a redentor, lo clavan, como al Señor.
Perdono al que me ha ofendido pero la ofensa no la olvido.
Cuanto en tu casa me metí, mejor callar lo que vi.
El jornal del pobrete, por la puerta entra y se va por el retrete.
Dádiva de lo mal ganado, no la recibe Dios con agrado.
Aunque es algo loco, la pena le hará cuerdo.
No hay mayor tontería que reñir.