Del hombre arraigado no te verás vengado.
Estar como caimán en boca de caño.
Planta, siembra y cría, vivirás con alegría.
No basta ir a pescar peces con buena intención. También se necesita llevar red.
Para todo perdido, algo agarrado.
Un buen caballo tiene muchos defectos, un mal caballo solo tiene uno
La risa va por barrios.
Lleva en todo un ten con ten y todo te saldrá bien.
Quien nada guardó, nada encontró.
Una vez se nace, una vez se muere y una vez se quiere.
Todo lo mudable es poco estimable.
El ciego y el ignorante, tienen el mismo talante.
El bobo José Mamerto, tras de jetón, boquiabierto.
No necesito tecomates para nadar.
La mujer del césar, no solo ha de ser honrada, sino que lo ha de parecer.
No es tonto el indio, sino quien lo hace compadre.
Un lugar para cada cosa y cada cosa en su lugar.
Quien frena la lengua conserva a sus amigos.
Dichosos los ojos que te ven.
Matar dos pájaros con una piedra.
Para aprender, lo principal es querer.
Prefiere la deshonra de la caída, a la deshonra de las muletas.
Más quiero ser burro descansado que buey ajetreado.
No hay que buscarle tres patas al gato, sabiendo que tiene cuatro.
Si miras mucho atrás, a ninguna parte llegarás.
La paciencia es buena ciencia.
No le pidas peras al olmo.
Por sostener el error, se cae en otro mayor.
Añorar el pasado es correr tras el viento.
Donde buena olla se quiebra, buena cobertera queda.
Bendita la casa que a viejos sabe.
En tierra de abrojos, abre los ojos.
No puede el cura a la par, decir misa y confesar.
Los pesos y los pesares, en algo son similares.
Se defiende como gato panza arriba.
Ese es carne de presidio.
Si quieres miel no des puntapiés a la colmena.
Hombre de poco conocimiento, hogar sin cimiento.
Cada uno es muy libre de hacer de su capa un sayo.
Mi cerebro es tan grande que a veces se me escurre por la nariz.
Grano a grano, se llena el granero.
El que mide el agua al charco es el que lo conoce.
Yo como tu y tu como yo, el diablo nos junto.
De la mujer, del tiempo y la mar, poco hay que fiar.
Al miedo plata; y al amor cariño.
Quien desparte lleva la peor parte.
Ojos que no pueden ver, de vidrio tienen que ser.
El que la sigue la consigue.
El que a los suyos menosprecia, a sí mismo se desprecia.
No se puede servir a dos señores a un mismo tiempo.