Cuídate del amigo al que has ofendido
Habiendo fiesta y velorio regado, no hay novia fea ni muerto malo.
En viernes ni en martes, ni tu casa mudes, ni tu hija cases, ni tu viña podes, ni tu ropa tajes.
La confianza mata al hombre.
Despedida de borrachos.
Vive la vida a grandes tragos por que no te bastara cuando tengas que perderla.
Las piedras no hablan.
Una carreta vacía hace ruidos.
La casa sin mujer, es como la mesa sin pan.
Dios perdona a quien su culpa llora.
La mala suerte es pelota, que pega pero rebota.
El flojo y el mezquino recorren dos veces el camino.
Mal de muchos, epidemia.
Estoy como la tamalera, que me va más, que me va mal; pero como del tamal.
Mucha carne, moitas enfermedades.
La envidia, dice el autor, es martillo destructor.
La mentira busca el rincón.
Si la Semana Santa marcea, hambre o muerte andea.
Mejor solo que mal acompañao.
La fortuna mal ganada, no luce ni dura nada.
Todo acaba con la muerte, menos, el hacer bien.
Ningún rencor es bueno.
Al hombre afligido, no le des más ruido.
El que busca un amigo sin defectos se queda sin amigos.
La pereza es la madre de todos los vicios.
Más vale muerte callada que desventura publicada.
El mirón mirar, pero sin chistar.
A burro viejo, poco forraje.
Tronar como un arpa vieja.
Llena o vacía, menos la quiero tuya que mía.
Tres pueden decidir de forma satisfactoria si dos están ausentes
Hábito malo, tarde es dejarlo.
Leña verde y gentejoven, todo es humo.
La muerte se lleva igual al párvulo que al viejo.
No hay muerte más desastrada que la vida deshonrada.
Por lo que uno tira, otro suspira.
A manos frías, corazón ardiente.
Que tu corazón se enderece: aquí nadie vivirá para siempre.
En el molino hacen falta dos piedras, en la amistad dos corazones
Nada abriga mejor que el calor de una sonrisa.
No desprecies a quien poco es, que algún días mucho podrá ser.
Afortunado en el juego, desafortunado en amores.
El perdón sobraría donde el yerro falta.
Una alegría compartida se dobla, mientras que una aflicción compartida se reduce a la mitad.
Peso y medida quitan al hombre fatiga.
A la muerte no hay cosechador que la coseche.
El malo para mal hacer, achaques no ha menester.
Hasta el final nadie es dichoso.
La zamarra y la vileza, al que se la aveza.
Mano blanca y gordezuela, puesta sobre el corazón, aumenta la palpitación.