El juego destruye más que el fuego.
Quien ama a Beltrán ama a su can.
Mal me quieren mis comadres porque digo las verdades.
Tentar la huevera a las gallinas
La fortuna al temeroso desprecia y al osado ayuda.
No ofende quien quiere sino quien puede.
El caballo que mucho anda, nunca falta quien le bata.
Lo que se aplazó, casi siempre se malogró.
Ni Justicia ni verdad en la tierra encontrarás.
El tropezón enseña a sacar el pie.
A quien se hace puntal los perros le orinan en el cuello.
Cuídate del amigo al que has ofendido
Uno no vale lo que pide sino lo que le pagan.
Llorara la madre al hijo, más que la nieve al granizo.
Amor nunca dice basta.
Caballo de regalo, tenlo por bueno aunque sea malo.
Ora en juego, ora en saña, siempre el gato mal araña.
La liebre, lo que en arenal gana, lo pierde en el agua.
Tanto tiempo en el campo y no conoces el matojo.
Un buen mozo y un abad no pueden cargar a un asno contra su voluntad.
Contra lo malo aprendido, el remedio es el olvido.
Querer atar las lenguas de los maldicientes es lo mismo que querer poner puertas al campo.
A espalda vuelta, no hay respuesta.
La constancia es la mayor de las quimeras del amor
A la mujer honrada, su propia estima basta.
Cuenta errada, no vale nada.
Viaje de luna de miel; ni es viaje, ni ves luna, ni es de miel.
El que entra en la Inquisición, suele salir chamuscado.
Pajarico que escucha el reclamo, escucha su daño.
Donde el corazón se inclina, el pie camina.
El llanto alivia el quebranto.
Donde lloran esta el muerto.
Al burro el palo y a la mujer el regalo.
Lo que nada nos cuesta hacerlo fiesta Lo que no arrastran dos tetas, no arrastran carretas.
Carrera que no da el caballo, en el cuerpo la tiene.
El que no tiene hijos los mata a palos.
Adiós, Blas y que Dios te lo pague, ya te vas.
La mujer celosa cree en todo aquello que la pasión le sugiere
Fantasía tras fantasía, y la barriga vacía.
Rama larga, pronto se troncha.
Más quiero asno que me lleve que caballo que me tire.
Por el amor de una rosa, el jardinero es servidor de mil espinas.
Es mejor mala avenencia que buena sentencia.
Quien mucho se arremanga, vésele el culo y la nalga.
Quien a otra ha de decir puta, ha de ser ella muy buena mujer.
Escribano, puta y barbero pacen en un prado y van por un sendero.
A la mala hilandera, la rueca le hace dentera.
Hombre ocioso, hombre peligroso.
Qué bien se trilla fuera de la parva.
Nadie querría para sí.