Mientras comemos, ¡qué buenos semos!; cuando ayunamos, ¡qué mal andamos!.
Por un moro que maté me pusieron matamoros.
Vase la fiesta y resta la bestia.
En Mayo lodo, espigas en Agosto.
Callemos, que el sordo escucha.
Indio que va a la ciudad, vuelve criollo a la heredad.
Lo que escatimes a tu mujer, no lo gastes en beber.
Hombre prevenido vale por dos.
Gasta más el pobre en hilo, que el rico en tela.
El bien se vende por onzas y el mal por arrobas.
De pequeños principios resultan grandes fines.
Unos visten el altar, para que otros digan la misa.
Buenas palabras y buenos modales, todas las puertas abren.
Alábate, asno, que te crece el rabo.
Ingrato, el volver mal por bien tiene por trato.
Gente de navaja, poco trabaja.
El buen nabo, por Santiago tiene cabo.
Fruto vedado el más deseado.
Hijo de gato caza ratón.
A fraile no hagas cama; de tu mujer no hagas ama.
Variante: Vale más rodear, que mal pasear.
Zumo de uvitas suaves, ¡qué bien sabes!.
Saco lleno no se dobla. Saco vacio no se para.
Mal se caza con perros desganados.
Al bien, deprisa, y al mal, de vagar, te hagas de llegar.
Al buen callar, llaman Santo.
Quien dice mal de la pera, ése la lleva.
Dinero no falte, y trampa adelante.
El que rompe, paga.
La gente discreta, no suelta la jeta.
Por el rastro se da con la liebre.
Mejor pájaro libre que rey cautivo.
Olla que hierve arrebatada, olla malograda.
La felicidad es como el dulce de azúcar, cuando se quiere, se hace.
Échale guindas al pavo.
Intenta reunir en tu casa numerosos amigos antes que manadas de bueyes
Intimar con ninguno; trato con todos.
A quien se siente en cada pena, nunca le falta qué le duela.
Gozo anticipado, gozo malogrado.
Quien lengua ha, a Roma va.
Lloviendo en San Juan, quita vino aceite y pan.
Calabazas coloridas, en otoño recogidas.
Cambiar de opinión es de sabios.
Un abogado y un asno, saben más que un abogado.
Antes de poner en duda el buen juicio de tu mujer, fíjate con quien se ha casado ella.
El que disfruta insultando a la gente con sus escritos es como una bruja; el que disfruta adulándolo es como un quiromántico
La manda del bueno no es de perder.
La buena mujer, con sus manos edifica su casa.
De corsario a corsario, no se pierden sino los barriles.
La buena hija dos veces viene a casa.