Saber es poder.
De sabios es variar de opinión.
La labranza es hermana gemela de la crianza.
Peor que pulga en la oreja
¡Cómo sufre mi pecho que late!
Al falso amigo, hazle la cruz como al enemigo.
A casa sinvergüenza, todo el mundo es suyo.
El ocioso e incapaz, carga es para los demás.
Modesto obsequio que encierra gran afecto.
El que porfía mata venado.
Bien sabe el picar, por el gusto de arrascar.
Refranes de viejas son sentencias.
La diligencia es madre de la buena ventura; y la pereza, su contraria.
De la risa al duelo un pelo.
El labrador que quiera empobrecer, a sus criados deja de ver.
En las cosas del corazón, no manda uno, mandan dos.
Quien busca, halla.
La viuda con otro amor, muy pronto se consuela.
mas puto ke joakito dandole a un ornitorrinco africano en celo.
Si quieres buenas sementeras, por San Mateo siembra las primeras.
Dádiva de lo mal ganado, no la recibe Dios con agrado.
Un coloño bien atao, evita dos mandaos.
Jugar la vida al tablero.
Saber callar es una prueba de sabiduría que buscan pocos hombres.
A quien te pide capa por justicia, dale la media en paz.
Siempre friegan los platos los mentecatos.
Lágrimas y suspiros, mucho desenconan el corazón dolorido.
Palabras sin obras, barato se venden.
Quien habla, siembra; quien oye y calla, recoge y siembra.
A la prima se le arrima y a la hermana con más ganas.
Da el sartenazo al que tiene la sartén por el mango.
Al viejo recién casado, rechazarle por finado.
Me cayó como patada en la guata.
Tres españoles, cuatro opiniones.
La variedad place a la voluntad.
A la moza, con el mozo, y al mozo con el bozo.
De buena semilla, buena cosecha.
No hay mal tiempo, solo ropa mala.
Conforme es el carnaval, es el cuaresmal.
Llevar las cosas por rigor, no es lo mejor.
No hay guerra más hiriente que entre hermanos y parientes.
Mujeres y vino hacen que los hombres pierdan el tino.
Es lo peor poner a un indio a repartir chicha.
A quien a soplos enfría la comida, todos le miran.
Un pie calzado y otro descalzo
Quien cerca halla, cerca calla.
Aire de Levante, agua delante.
Estar armado hasta los dientes
Al viejo y al olivar, lo que se les pueda sacar.
Cuando pase la ocasión, ásela por el mechón.