Lo que es igual, no es trampa.
Cuarentón y solterón... ¡que suerte tienes cabrón!.
Franqueza, la del gallo; que convida a veinte gallinas con un grano.
Esto vale lo que un ojo de la cara.
Malo es esperar bien de muerte ajena.
Dios nos coja confesados.
Es mejor mala avenencia que buena sentencia.
Cuando vayas convidado, no comas más de lo acostumbrado.
Al gorrino y al melón, calor.
Con pasteles de esperanza, nunca se llena la panza.
Quien a heredar aspira, larga soga estira.
¿Fiaste?. ¡La cagaste!.
Gallo fino no extraña gallinero.
Gorgojo, más chico que un piojo; así de chiquito produce enojo
Mucho decir veremos, pero nunca vemos.
El que amenaza, pierda la ocasión de la venganza.
Llorara la madre al hijo, más que la nieve al granizo.
Nobleza, obliga; y agradecimiento liga.
Saber si pisa culebra o si pisa bejuco.
Cada día verás quien peque y pague.
El juez injusto, colgado de un saúco.
Al fisgón cuando menos un trompón.
Riñen los pastores, y se descubren los quesos.
Aquel pregona vino y vende vinagre.
Cada cosa a su tiempo, los nabos en Adviento y las cerezas en habiendo.
La felicidad no es cosa de risa
La viuda que se arrebola, por mi fe que no duerme sola.
Tiempo pasado traído a la memoria, da más pena que gloria.
Sacar las cosas de quicio, no se hace sin perjuicio.
El vergonzoso se muere de hambre entre dos panes.
Repara en la casa ajena, y hallarás chica tu pena.
Un mendigo se compadece de otro que está parado enfrente de una puerta
Buena demanda o mala demanda, el escribano es mi banda.
Comida sin siesta, campana sin badajo.
Pedir al hombre veras es pedir al olmo peras.
Agua y sol, tiempo de requesón.
Hija que casas, casa que abrasa.
La mucha luz deslumbra y no alumbra.
Ni a un sordomudo completo, debes confiar tu secreto.
Nada se adelanta con desesperarse, sino el criar mala sangre.
Ocurre en las mejores familias.
Moza que con todos bromea, no se si lo es, pero quizás lo sea.
Es mejor viajar lleno de esperanza que llegar.
La mujer maluca abajo tiene el azúcar.
Los niños, ni ocultan mentiras, ni callan verdades.
Una palabra al oído se oye de lejos.
Más ordinario que un moco en una corbata.
¿A un perdido, quién lo pierde?.
Lo que unos inventan, los otros lo aumentan.
Más da el duro que el desnudo.