El que no sea cofrade, que no tome vela.
Entre santo y santa, cama doble y buena manta.
A tal señor, tal honor.
Del desconsuelo al consuelo no va ni un pelo.
En Febrero busca la sombra el perro.
A la feria se va por todo; pero por narices no.
A cada rey su trono.
Culillo de mal asiento, no se está quieto un momento.
A donde las dan, allí las toman.
El que está en la aceña, muele; que el otro va y viene.
Viva cada cual como quisiere y yo como pudiere.
Toma después de la sopa un buen trago, y ríete de médicos y boticarios.
A burro negro, no le busques pelo blanco.
Siempre la cuba huele a la uva.
El pepino en el gazpacho, y los negocios en el despacho.
No todo el que chifla es arriero.
Estar en tres y dos.
Quien por su seso se guía, hará cualquier tontería.
Quien tiene las hechas, tiene las sospechas.
Año bisiesto, hambre en el cesto.
Del sabio, poeta y loco, todos tenemos un poco.
A las barbas con dinero, honra hacen los caballeros.
Cada cual conoce el trote de su caballo.
Hay hombres como el dado: que se están de cualquier lado.
A abril alabo, si no vuelve el rabo.
Una palabra deja caer una casa.
Más groso que el Guelpa.
Ramos mojados, ésos mejorados.
Un hombre es tan sabio cuanto a su cabeza, no cuanto a sus años.
El que llega tarde, no bebe caldo
A palabras necias, bofetones.
Rubio bermejo, mal pelo y peor pellejo.
A la sombra del gitano, medra el villano.
Para que te miren bien, nunca mires con desdén.
Niebla de Marzo, helada de Mayo.
Quien roba una vez, roba diez.
Dar una fría y otra caliente.
Hijito de tigre, rayado tenia que ser.
Mi cerebro es tan grande que a veces se me escurre por la nariz.
Tápate la cara que se te ve el culo.
Hasta el más delgado pelo, hace una sombra en el suelo.
Cochino que tuerce la cola, no pone huevos.
Quien dice mal de la pera, ése la lleva.
El que exprimió su limón que se tome su agrio.
Al perro muerto, échale del huerto.
De la mano a la boca se pierde la sopa.
En el buen tiempo, amistades ciento; mudada la fortuna, ni una.
El que a la bodega va y no bebe, burro va y burro viene.
Mal ajeno, del pelo cuelga.
Por San Matías igualan las noches con los días y pega el sol en la umbrías.