Noche toledana. (Irse de farra).
Quien mucho habla, a ninguno escucha.
Fui a palacio, llegué bestia y regresé asno.
Hombre de poco conocimiento, hogar sin cimiento.
Buen porte y buenos modales, abren puertas principales.
Afanar y no ganar, doy al diablo tal afanar.
Bueno es beber, pero no hasta caer.
Líbreme Dios de moza adivina y de mujer latina.
Noviembre y enero, tiene un tempero.
Vendimia en mojado y cogerás el mosto aguado.
Día de San Martino, todo mosto es buen vino.
La que de treinta no tiene novio, tiene un humor como un demonio.
Cuando el sol no asoma en casa, el doctor viene a la casa.
Gato meador, llena la casa de hedor.
No se disparan flechas a una cara sonriente.
Mas mata la duda que el desengaño.
Negocio de enterrador, negocio asegurador.
Confesión obligada, no vale nada.
Quien hace, aplace.
Antes de casarte abre bien los ojos, después cierra uno.
El amo majestuoso, hace al mozo reverencioso.
Gitano no saca la suerte a gitano.
Doncellita, ¿a quién querrás?. A quien me quiera llevar.
Pan y vino andan camino.
Mientras no hay viento, no hay mal tiempo.
¡Andá a cobrarle a Magoya!
La aguja viste a los demás y permanece desnuda.
Cuando seas padre comerás huevos, mientras seas hijo como cuernos.
Raído y roto, cerca está lo uno de lo otro.
Dichosos mis bienes, que remedian mis males.
Tres días hay en el año que se llena bien la panza: el santo, el cumpleaños y el día de la matanza.
Para muestra basta un botón.
Quien pregunta, no yerra.
Ande o no ande, la burra grande.
Tal para cual, Pedro para Juan.
Ni hagas cohecho ni pierdas derecho.
Bien barato estaría el pan, si no lo comiera el holgazán.
Hermoso cagar de ventana, el culo para la calle.
Cabellos y cantar, no es buen ajuar.
Tendrán que pasar hambre en la época fría los que no trabajen en la caliente.
A un clavo ardiendo se agarra el que se está hundiendo.
Cuando el pastor pierde la oveja, paga con la pelleja.
Dame gordura, darte he hermosura.
Hasta el ladrón desconfía del ladrón.
O bien o mal, va a lo suyo cada cual.
Más vale la sal, que el chivo.
Del viejo, el consejo; de la vieja, la conseja.
Jugar la última carta.
Hombre probo y recio, no tiene precio.
¡Madrecita, madrecita!, ¡que me quede como estoy!.