Madre, casarme quiero, que dormir sola me da miedo.
Mujer pecosa, mujer candela.
Casa sin sol, no hay casa peor.
Viuda que no se consuela, será por pobre o por fea.
En prisión y enfermedad, se conoce la amistad.
Casa de pan tierno, casa sin gobierno.
Dale limosna mujer, que no hay en la vida cosa más mala, que la pena de ser ciego en Granada.
A la madrastra, el nombre le basta.
Ya ni en la paz de los sepulcros creo.
Agua y sol, tiempo de requesón.
Ruin consuelo el aplauso de los muchos.
Sol de invierno y amor de puta, poco dura.
Viento del solano, agua en la mano.
Por la Virgen de Lorena, verano fuera.
El mejor sol es el que calienta hoy
A la hija casada sálennos yernos.
Hierba segada, buen sol espera.
Pereza, madre de pobreza y abuela de vileza.
Ni sábado sin sol, ni moza sin amor.
Candil de la calle, obscuridad de su casa.
La miseria es como la tos, no se puede esconder.
La dama que es distinguida, por sí sólita se cuida.
Olla todos los días, a un santo cansaría.
Voluntad tiene a los tronchos quien abraza al hortelano.
La abadesa más segura, la de edad madura.
Amigo en la adversidad, amigod de verdad.
Para el solano, agua en mano.
Al alba de la duquesa, que da el sol a media pierna.
Más quiero cardos en paz, que no salsa de agraz.
Mujer sin hijos jardín sin flores.
De soltera, fina y curiosa, de casada, gorda y asquerosa.
La buena obra, ella misma se loa.
Haz tu casa al solano y vivirás sano.
Panza llena, quita pena.
A confite de monja pan de azúcar.
Al avaro, es tristeza hablarle de largueza.
Huerta sin agua, y mujer sin amor, no sé qué será peor.
Alegría no comunicada, alegría malograda.
En la casa del cura, siempre reina la ventura.
Justicia y no por mi casa.
Mujer que no tiene encanto, se queda para vestir santos.
Gallo que canta al sol puesto, señal de muerto.
En casa del pobre, ni vino ni odre.
Hija enlodada, ni viuda, ni casada.
La buena mujer, con sus manos edifica su casa.
Si hay miseria, que no se note
El que calla, otorga.
Hijo ajeno, candela en el seno.
Donde se pace, que no donde se nace.
Sin hijos y sin celos no hay desconsuelos.