Náufrago que vuelve a embarcar y viudo que reincida, castigo piden.
Al rebuznar se verá quien no es león
Con mucho porfiar, se pierde la verdad.
Esas perlas, perdónalas, por tener que engarzarlas.
Alzando en adviento, se alza y se abona a un tiempo.
Dame dineros y no consejos.
Nada necesita quien tiene bastante.
Cuando fueres a concejo, acuerda en lo tuyo y deja lo ajeno.
No se encuentra muy a salvo, piojo en cabeza de calvo.
Busca una luz en lugar de estar maldiciendo eternamente la oscuridad.
La vida es una universidad.
La cama es buena cosa: quien no puede dormir, reposa.
Por lo estrecho se va al cielo, y por lo ancho al infierno.
Frio, frio, como el agua del rio.
A gran calva, gran pedrada.
El pan ajeno hace al hijo bueno.
Esfuerzo de vago, barriguera rota.
A la que a su marido encornuda, señor y tú la ayuda.
La belleza atrae, el talento retiene y el corazón sostiene.
Más refranes hay que panes; y cuando no tengo pan, pido consuelo a un refrán.
Tu viña preciada, entrando Marzo labrada.
Quien tiene tienda que la atienda.
A mí todos me hallan, pero yo no hallo a nadie.
Gente de navaja, poco trabaja.
Si al construir se escuchara el consejo de todo el mundo, el techo nunca se llegaría a poner.
Las paredes oyen.
Quien canta, su mal eta.
Afanar y no medrar es para desesperar.
Al agradecido, más de lo pedido.
Los enemigos del casado son tres: la moda, el modista y la mujer.
Cada cabeza es un mundo.
Lo cómodo o lo expedito, es mejor que lo bonito.
El primer grado de locura es creerse cuerdo, y el segundo proclamarlo.
Con dinero, aunque borrico, ¡qué buena persona el chico!.
Amar y saber, todo no puede ser.
Por buena que sea la cuna, mejor es la buena crianza.
A misa, no se va con prisa.
Escribir es un placer secreto y pecaminoso
El sexo nos hace perder la cabeza
El que se casa, quiere casa.
Ahogarse hasta en un vaso de agua.
Los grandes talentos son calmados en la prosperidad y callados en la adversidad.
Mejor sufrir una crisis de dinero, que de tisis.
Amor, El de asnos hace sabios, y de sabios hace asnos.
Cree solo la mitad de lo que oigas decir de la riqueza y la bondad de un hombre.
Todos la querían y entre todos la mataron.
Después del niño ahogado, tapan el pozo.
La manera de ver la luz divina es apagar tu propia vela.
Es mejor estar bien parado que estar bien estacionado.
Tres mujeres y un ganso hacen mercado.