Ya ni en la paz de los sepulcros creo.
Puso pies en polvorosa.
Más tira coño que soga.
En casa del bueno, el ruin tras el fuego.
Llover sobre mojado, mil veces ha pasado.
Agua de marzo, pero que la mancha en el sayo.
El caballo del judío, harto de agua y bien corrido.
Ninguno por ser querido se esfuerce, que a veces lo torcido se destuerce.
Paga lo que debes, sanarás del mal que tienes.
Lo único permanente es el cambio.
Si quieres convertirte en calígrafo: Escribe, escribe y escribe.
Los refranes de los viejos siempre salen verdaderos.
Atún de ijada y salmón, muchas cosas son.
Cuando Dios no quiere, los santos no pueden.
Quien tiene ocios, le salen mal los negocios.
La mujer es fuego; el hombre, estopa; viene el diablo y sopla.
El vino hace reír, hace dormir y los colores al rostro salir.
El que quita la ocasión, quita el peligro.
El que con leche se quema, hasta al jocoque le sopla.
El mal tiempo trae bienes consigo: huyen las moscas y los falsos amigos.
Mi casa y mi hogar, cien doblas val.
El asno solo en la muerte halla descanso.
Ojo por ojo y diente por diente.
Una sonrisa no cuesta nada pero vale mucho.
Lo que hacemos en la vida, tiene su eco en la eternidad.
Quien da lo suyo antes de la muerte, que le den con un mazo en la frente.
Bien ora quien bien obra.
Bien que de Dios no viene, se deshace como la nieve.
Al hierro el orín y la envidia al ruin.
Donde se está bien nunca se muere
Hay más días que sandías.
El buey busca la sombra; porque la sombra no lo busca a él.
La mentira sale por la punta de la nariz.
Nunca un peligro sin otro se vence.
No hay más bronce que años once, ni más lana que no saber que hay mañana.
A la hembra desamorada, a la adelfa le sepa el agua.
Para las salchicas demasiado largas, el remedio es sencillo.
Poco a poco hila la vieja el copo.
Faltando el agua al granar, mal acaba el pegujal.
El hablar mismo idioma.
Amor, viento y ventura, poco dura.
La mala palabra, más que un guijarro descalabra.
Alquimia muy probada es la lengua refrenada.
Al que le falta ventura, la vida le sobra.
Afortunado el que vive tiempos tranquilos.
Cuando la olla hirbiendo se desborda, ella misma se calma.
De un mismo árbol, un madero dorado y otro quemado.
No hay altanería que no amanece caída.
Saber callar es una prueba de sabiduría que buscan pocos hombres.
Más se junta pidiendo que dando.