El mucho saber hace sabios, pero no dichosos.
Juegos, pendencias y amores, igualan a los hombres.
Dar carne al lobo.
Al amo listo y avisado, nunca lo engaña el criado.
De las palabras, no el sonido sino el sentido.
Luna en creciente, cuernos a Oriente.
Nadie da lo que no tiene.
Carne a carne, amor se hace.
El amor todo lo iguala.
El vino no tiene vergüenza.
Lágrimas de viuda, poco duran.
Como soy del campo, aquí me lo zampo.
Cuando la mula ríe, el asno llora.
Acabada la misa, se parten las obladas.
Agua estantía, renacuajos de día.
Hoy: a eso me estoy; que mañana, mañana, palabra vana.
La muerte todas las cosas iguala.
Maldigo el diente que come la simiente.
El hombre es fuego, la mujer estopa, viene el diablo y sopla.
A falta de gallina, bueno es caldo de habas.
Invierno frío, verano caluroso.
Quien tras el caldo no bebe, no sabe lo que se pierde.
Ese oye sus defectos que no calla los ajenos.
La noche para pensar, el día para obrar.
No hay oficio como el de alfarero, que de barro hace dinero.
El que guarda, halla.
Al hijo del herrero, de balde le machacan el hierro.
Quien busca, halla.
Nunca se debe tirar piedras arriba cuando se tiene techo de cristal.
Lo que hoy parece, mañana perece.
A quien en alabar lo bueno se queda corto, mírale el rostro.
Las paredes oyen.
La leña del cerezo, salta a la cara del viejo.
El "porque sí" y el "porque no" son la razón de la sinrazón.
El que no tiene vergüenza, toda la calle es suya.