Quien calla otorga
No hay mejor espejo que el amigo viejo.
Los amigos, el aceite y el vino deben ser viejos
El tropezón enseña a sacar el pie.
Lo que del corazón rebosa, sálese por la boca.
Al que quiera celeste, que le cueste.
Oculta el bien que haces, imita al nilo que oculta su fuente.
Al que le caiga el sayo, que se lo ponga.
Al que a buen árbol se arrima, buena sombra le cae encima.
Hasta el cuarenta de mayo no te quites el sayo
Gota a gota se forma el río.
Del agua mansa no fíes nada.
Si tu beso tiene el ardor del sol, la rosa te dará todo su perfume
Son como el aceite y el vinagre.
Dios castiga, pero no ha palo.
Lo que a la sombra se urdiese, a la luz del día aparece.
Aceite, hierro y sal, mercaduría real.
Da voces al lobo, respóndete el eco.
Al mal tiempo, buen paraguas.
Perdona el error, pero no lo olvides.
Con lo que Sancho sana, Domingo adolece.
Cuando suena la almirez, las doce están al caer.
La gotera dando y dando, la piedra va perforando.
La fortuna, a los necios ama y a los sabios desama.
Leal El amigo, al bien y al mal se para.
Quien hace bien al astroso, no pierde de ello, más piérdelo todo.
Del monte sale, con que se arde.
Al padre, si fuere bueno, sírvele; y si malo, súfrele.
Sabiduría probada, no dársele a uno para nada.
Palabras sin obras, barato se venden.
A la Virgen, salves; a los Cristos, credos; pero a los cuartos quedos.
Aleluya, aleluya, cada uno con la suya.
Buena ventura solo con otra dura.
Pan de mi alforja, como el no me falte, todo me sobra.
Variante: A Dios se dejan las cosas, cuando remedio no tienen.
Compañía no engañosa, yo y mi sombra.
Todo lo que brilla, no es oro.
En casa del herrero, nunca falta un palo.
Rogar al Santo, hasta pasar el tranco.
Casadme, padres, casadme, que el cuerpo me arde.
Campana de latón, tiene mal son.
Llave que en muchas manos anda, nada guarda.
Una golondrina no hace verano, ni una sola virtud bienaventurado.
Niebla en la sierra, agua en la tierra.
El sabio calla, el tonto otorga.
Al pan pan y al vino vino, y el gazpacho con pepino.
Vino de una oreja, prendado me deja; vino de dos, maldígalo Dios.
Cada cosa pía por su compañía.
A lo que no tiene remedio, oídos sordos.
A la mañana el blanco y el tinto al serano.