Un invierno en casa, muy pronto se pasa.
Para sana diversión no abuses de la ocasión.
Se hace pesado el muerto cuando siente que lo cargan.
Al pie del monte, se ahúma el capote.
No lleva ya vida honesta, la que con varios se acuesta.
Dios me dé contienda con quien me entienda.
Con paciencia y con saliva el elefante se la metió a la hormiga.
Cortesía de boca, gana mucho a poca costa.
La mujer, el huerto y el molino, requieren uso continuo.
Quien coma la carne, que roa el hueso.
No hay fuego más ardiente que la lengua del maldiciente.
Si no fuera por Abril, no habría año vil.
Cuanto más hacienda dejes, más esperada es tu muerte.
El blanco hielo de agua es mensajero
Chivo que se devuelve se esnuca.
El avariento nunca está contento.
¿Quien me llama puta sino quien me ayuda?.
Afanar y no ganar, doy al diablo tal afanar.
Cuando en Mayo hay lodo, no se pierde todo.
Vive cantando, muere llorando.
El que de cuando en cuando ayuna, su salud asegura.
Sacar lo que el negro en el sermón: los pies fríos y la cabeza caliente.
El cura de la aldea, por él venga lo que desea: que mucha gente se muera.
Virgo y mocedad no vuelven nunca cuando se van.
Nadie cava con tesón sino el dueño del hurón.
Buen esfuerzo vence a la mala ventura.
Amor de madre, ni la nieve lo hace enfriar.
Joya en una fea, la adorna pero no la hermosea.
El que no agradece, al diablo se parece.
Quien miente, pronto se arrepiente.
Si no valiese por testamento, valga por codicilo.
Oveja que mucho bala, poco mama.
Abogadito nuevo, perdido el pleito.
De refrán y afán pocos se librarán.
A la mujer y a la mula, vara dura.
Mejor perdiz en la mano, que dos en el campo.
El fraile se muda, el mozo se casa, el casado se cansa y se va a su casa, el clérigo dura.
Solo se tiran piedras contra el árbol que da frutos.
Quien mucho duerme, legañas tiene.
Quien se refugia debajo de hoja, dos veces se moja.
Más vale sardina en plato, que una sirena en retrato.
El corazón, ni engaña ni se engaña.
Quien guarda el manjar que tiene, se le va, o se le reviene.
Aprendiz de mucho, maestro de nada.
Come a gusto y placentero, y que ayune tu heredero.
Entre los extremos de cobarde y de temerario está el medio de la valentía.
El mono vestido de seda mono se queda
Dale, si le das, que me llamen en casa.
Chimenea que tira poco, el humo a los ojos.
Una hora de alegría, compensa diez malos días.