Cada cual en su casa y Dios en la de todos.
Abad halagüeño, tened el cuello quedo.
Abre para todos tu boca y para todos tu bolsa.
Ante la duda, la Charly.
Dios no se queda con nada de nadie.
Llámale a vino, vino, al pan, pan y todos se entenderán.
El buen vestido aumenta la hermosura, y la fealdad disimula.
Lengua del mal amigo más corta que cuchillo.
Bien hayan mis bienes, si remedian mis males.
Llama el dinero al dinero, y el holgar al caballero.
La amistad hace lo que la sangre no hace.
Lo mejor que hizo Dios fue un día detrás del otro.
De pronto, nadie es tonto; después quizá lo es.
Si se dejan abiertas las puertas, los cerdos correrán al trigo
No muestres los dientes hasta que puedas morder.
Aceite y vino, bálsamo divino.
Amor, tos y dinero, llevan cencerro.
No me tientes Satanás.
Muchas gotas que caen entre la taza y los labios.
Soplo de marzo y lluvia de abril, a agosto y septiembre los hacen reír.
Donde entra el mucho vino, sale el tino.
Lo ajeno place a nosotros y lo nuestro a otros.
El tiempo de Dios es perfecto.
El que está en pié, mire no caiga.
Consejo femenil, o muy bueno, o muy vil.
Aunque la mona se vista de seda mona es y mona se queda.
Muerto el perro, el gato es el que ladra.
A fraile no hagas cama; de tu mujer no hagas ama.
En cada tiempo, su tiento.
Es ilusión fementida, un mundo a nuestra medida.
El tiempo es oro y el que lo pierde tonto.
El que no se fía, no es de fiar.
El que más mira menos ve.
La cultura es como el azúcar; aunque haya poca da dulzor.
No es noble quien lo es, sino quien lo sabe ser.
Trata a la Tierra y a todo lo que hay en ella con respeto.
Cuando el vil enriquece, no conoce hermano ni pariente.
Aburrimiento y nervios son contagiosos
La humildad es el hilo con el que se encadena la gloria.
Ahogarse hasta en un vaso de agua.
Berenjena, ni hincha ni llena.
Son más los días que las alegrías.
Al mal paso, darle prisa.
La avaricia y la ambición, congelan al corazón.
La crueldad es la fuerza de los cobardes.
Mal se hospeda quien llega tarde a la venta.
Buena cara dice buen alma.
Para ver la buena gente solo un ojo es suficiente.
Demasiada charla al lado del horno convierte las mil hojas en carbón
Cuando dos se quieren bien, con uno que coma basta.