Antes de iniciar la labor de cambiar el mundo, da tres vueltas por tu propia casa.
Más tarde, los cuernos serán increíblemente especiales.
El que vive de ilusiones muere de desengaños.
El solo querer es medio poder.
El que mucho come, poco adelgaza.
Guardólo Dios de piedra y niebla, más no de puta vieja.
Acertó a mear el buey en la calabaza.
En gustos y colores, no discuten los doctores.
Daños, engaños y desengaños, frutos son de los años.
Un padre sin hijos es como un arco sin las flechas.
Mujer con bozo, beso Sabroso.
Lo que no mata engorda.
Buena vida si refrenas tu ira.
Dies ila, dies ila, si eres bobo espabila.
Cuerpo descansado, dinero vale.
Putas y toreros, a la vejez os espero.
Ansias de grandeza y amistad no están nunca en sociedad
El arado rabudo, el arador, barbudo.
Por gustos o pareceres, no discutas ni te alteres.
Clérigos y cuervos, huélganse con los muertos.
Bien la muerte aguarda, quien vive como Dios manda.
Cien amigos son pocos; un enemigo es mucho.
Juventud licenciosa, vejez penosa.
A tu mujer no la alabes, lo que vale tú lo sabes.
Mejor haber soplado con fuerza, que tener la boca quemada.
El cebo es el que engaña, no la caña.
Intimidades, solo en las mocedades.
El corazón conoce la amargura del alma.
Algo bueno trae la adversidad consigo; que ahuyenta a los falsos amigos.
En cualquier batalla pierden vencedores y vencidos.
Buen corazón vence mala andanza.
El mico no ve su rabo, pero ve el del compañero.
Para enseñar a los demás, primero has de hacer tú algo muy duro: has de enderezarte a ti mismo.
Amigo y casa vieja, para otro los deja.
En la necesidad se conoce la amistad.
Si un ciego guía a otro ciego, ambos caen en el precipicio.
No basta con que yo triunfe. Los demás deben fracasar
Contra el feo vicio de pedir, existe la noble virtud de no dar.
Hay que convivir; pero no conbeber.
La elocuencia vacía es como el ciprés; que es grande y alto pero no produce frutos.
Fíngete en gran peligro y sabrás si tienes amigos.
El que de joven corre, de viejo trota.
Hasta el ladrón desconfía del ladrón.
El que pestañea pierde.
Lo ajeno más que lo propio parece bueno.
El año bueno, el grano es hecho; el año malo, la paja es grano.
La avaricia rompe el saco.
Todo lo que no se da, se pierde.
Favorecer a un bellaco, es echar agua a un saco.
El fraile predicaba que no debía hurtar y él tenía en el cepillo el ánsar.