La diligencia es madre de la buena ventura; y la pereza, su contraria.
En el modo de partir el pan se conoce al que es tragón.
Toma después de la sopa un buen trago, y ríete de médicos y boticarios.
El soldado que ha huido cincuenta pasos se ríe del que lo ha hecho cien pasos.
Amigo leal y franco, mirlo blanco.
Burlas pesadas, ni para viejas ni para casadas.
Alcaraván zancudo: para otros consejo, para ti, ninguno.
El enemigo es grande si se lo ve de rodillas.
A la sombra de los buenos, viven los malos.
Lo poco bueno que tiene un hombre lo palparas en un solo día: toda su maldad oculta no la conocerás ni en cien años.
Todos llaman a la puerta de aquel que llama a todas las puertas
Dice San Ginés que el que tiene cara de bruto lo es.
Que no pertenezca a los demás quien puede ser solo suyo
Más feliz que marica con dos culos.
Tabernero diligente, de quince arrobas hace veinte.
El buen hijo vuelve a casa y cuenta lo que le pasa.
Más daña un mal enemigo que aprovecha un buen amigo.
El que va a la bodega y no bebe, buena vez se pierde.
La paciencia es el puerto de las miserias.
Los hijos heredan las culpas de los padres
Quien mucho desea, mucho teme.
Haz bien y échalo al mar; si los peces lo ignoran, Dios lo sabrá.
Una manzana roja invita piedras.
Juzga al hombre por sus acciones y no por sus doblones.
Para aprender, perder.
Las lágrimas derramadas son amargas, pero más amargas son las que no se derraman.
Moro viejo, mal cristiano.
Dineros y pecados, cada cual los tiene callados.
Lo nuevo guarda lo viejo.
Quien tiene muchos vicios, tiene muchos amos.
Lo que hace tu mano derecha que no lo sepa tu izquierda.
Cuatro cosas hay que nunca vuelven más: una bala disparada, una palabra hablada, un tiempo pasado y una ocasión desaprovechada.
Saco de yerno, nunca es lleno.
No saber una jota.
Vicio no castigado crece desatado
Alabar y callar para medrar.
No hay almohada más blanda que una conciencia tranquila.
Es poco saber, matarse por lo que no se puede obtener.
Alguacil en andar y molino en moler, ganan de comer.
Quien envidioso vive, desesperado muere.
Loro viejo no aprende a hablar.
Mala olla y buen testamento.
De lo que ganes, nunca te ufanes; y de lo que pierdes, ni lo recuerdes.
El que no arriesga, no pasa el río.
Amigo reconciliado, enemigo doblado.
Los hombres y el buen licor, más añejitos mejor.
De ambos ha sido el acertar; tú al pedir, yo al no dar.
En donde la fuerza sobra, hasta la razón estorba.
Solo los recipientes vacíos resuenan y se oyen a gran distancia
Dios te guarde de tahonero novel y de puta de burdel.