No dejes que el ayer consuma demasiado tiempo del hoy
El hombre ladino, estando entre extraños no bebe vino.
Ya decia Salomón que el buen vino alegra el corazón.
Amigos y libros: pocos y buenos.
Variante: A Dios se dejan las cosas, cuando remedio no tienen.
Muy amigos, pero el borrico en la fermoso.
Hasta el cuarenta de mayo no te quites el sayo
Hombre bondadoso, nunca envidioso.
No todos los que van a la iglesia son santos
El corazón del ñame solo lo sabe el cuchillo.
Boca de verdades, temida en todas partes.
Criado murmurador, es cuchillo del señor.
El que sacrifica su conciencia a la ambición quema una pintura para obtener las cenizas.
Si quieres hacer reír a Dios, ¡Cuentale tus planes!.
Aviniente y crudo, que así lo quiere el cornudo.
Donde están los hechos, no son necesarias las palabras.
Ese oye sus defectos que no calla los ajenos.
El cuerdo en cabeza ajena escarmienta.
Sigue los impulsos de tu corazón
El que vive de favores, sirve a muchos señores.
Hijo de mi hija, mi nieto será; hijo de mi hijo, Dios lo sabrá.
Vencer no es vergonzoso
Los muertos traen el buen o el mal tiempo
A braga rota, compañón sano.
Quitar la leña debajo de la caldera.
Los amigos de los buenos tiempos durante las tormentas dejan que te ahogues
Solo no da traspiés el que no tiene pies.
El tiempo que pasa uno riendo es tiempo que pasa con los dioses.
Favorecer a quien no lo ha de estimar es como echar agua al mar.
Hasta la raíz más pequeña encuentra su leñador.
A ratón con buen olfato, nunca lo sorprende el gato.
La cascara guarda el palo.
Agrada, quien manda.
Si haces planes para un año, siembra arroz. Si los haces para dos lustros, planta árboles. Si los haces para toda la vida, educa a una persona.
Si el grumete supiera y el patrón pudiera, todo se hiciera.
Si quieres vivir sano, hazte viejo temprano.
Donde hay voluntad, hay un camino.
Fiar del mozo y esperar del viejo, no te lo aconsejo.
Cuando el tabernero vende la bota, o sabe a la pez o esta rota.
Marido rico y necio no tiene precio.
Temporal de noche, mucho ruido y pocas nueces
Más discurre un hambriento que cien letrados.
No hay árbol como el nogal, ni fruta como el madroño, ni cosa que encaje mejor que lo que sabes en él.
Para disfrutar hay que empezar por olvidar
El que come poco y bien, vive mucho y mejor.
Quien se conforma goza y alguna vez padece: pero es un bello padecer el de quien se conforma
Una buena mañana hace buena la jornada.
Del cuerdo espero poco, y mucho del loco.
Creer que el enemigo débil no puede dañarnos es creer que una chispa no puede causar un incendio.
Por la boca muere el pez.