Está como abeja de piedra.
No se pierde lo que se dilata.
Entre bueyes no hay cornadas.
El corazón no envejece es el cuero el que se arruga.
Alcalde de aldea, yo no lo sea.
A nadie has de decir cuánto tienes, dónde lo tienes, ni adónde piensas ir.
El que su nariz acorta, su cara afea.
Al toro hay que agarrarlo por los cuernos.
El calibre de un hombre se mide por la cantidad de sus enemigos.
La barriga llena da poca pena.
Acuéstate con perros y te levantarás con pulgas.
Hay tres cosas que no se pueden ocultar: el humo, el amor y un camellero con su camello por el desierto.
Incluso las torres más altas empiezan en el suelo.
Foso y vallado, buen cercado.
La mujer debe gobernar la casa, y el marido la caja.
El aragonés fino después de comer tiene frío.
Si te dijeren dos veces que eres asno, rebuzna.
De refranes y cantares, tiene el pueblo mil millares.
Tras el buen comer, ajo.
Nunca les falta que hacer ni al cura, ni al diablo, ni a la mujer.
Quien duerme diez horas, a la vejez llora.
Dar puntada sobre puntada, como sastre en víspera de pascua.
Quien de paja su casa ha hecho, témale al fuego.
No te creas caballero porque te llamen don Dinero.
Septiembre muy mojado, mucho mosto pero aguado.
Hay mucho que ganar y poco que perder.
Vendrán por lana y saldrán trasquilados.
Adán comió la manzana y aún nos duelen los dientes.
El que come y no da, atragantado morirá.
Cuando el pobre lava, llueve.
Mujer que no tiene encanto, se queda para vestir santos.
La mancha de mora con mora verde se quita. Refran español.
Ratón que corre mucho resbala frente a la cueva.
Lo que es del cura, va pa la iglesia.
Los hombres serenos, pelean mucho menos.
La oveja y la abeja, por Abril sueltan la pelleja.
Pato, ganso y ansarón, tres cosas son, y una son: cochino, puerco y lechón.
Salga pez o salga rana, a la capacha.
Quien arroz come, buenos carrillos pone.
Antes de que te cases, mira bien lo que haces.
Para una mujer enamorada amar demasiado es no amar suficiente
Para prosperar, vender y comprar.
Oir cantar el gallo y no saber en que gallinero.
Después del palo dado ni Dios lo quita.
El desorden almuerza con la abundancia, come con la pobreza y cena con la miseria.
Mujer que al andar culea y al mirar los ojos mece yo no digo que lo sea, pero lo parece.
Ni higos sin vino, ni pucheros sin tocino.
Eso pasa en las mejores familias.
Por San Justo y Pastor, entran las nueces en sabor, y las mozas en amor.
La mujer mezquina, debajo de la escama, haya la espina.