La avaricia es mar sin fondo y sin orillas.
Tal hora el corazón brama, aunque la lengua calla.
Amigo, no de mí, sino de lo mío, lléveselo el río.
Beber y comer, son cosas que hay que hacer.
Sufra quien penas tiene, que tiempo tras tiempo viene.
El que de joven come perdices, de grande caga las plumas.
Nadie llega a bachiller, sin estudiar y aprender.
El que pretenda agradar a todos en lo que hace, se incomodará y no contentará a nadie.
De la continua lección nace la ciencia.
Estornudos y frailes, salen a pares.
El más cristiano se alegra, si se le muere la suegra.
Los sirvientes no son diligentes si el amo es descuidado.
El amor empieza con los ojos y termina con la costumbre
En la vida todo tiene remedio, menos la muerte.
Año tardío, año medio vacío.
De higos a brevas, larga las lleva.
En el amor solo el principio es divertido
Que no llegue la medicina cuando el enfermo ya se murió.
Quien hace por común, hace por ningún.
Ballesta de amigo, recia de armar y floja de tiro.
No hay mejor herencia, que trabajo y diligencia.
Podrás cortar todas las flores, pero no podrás impedir la llegada de la primavera.
El pensamiento anda siempre de viaje, ni peaje, barcaje ni hospedaje.
También los secretarios echan borrones.
Llave puesta, puerta abierta.
Buenas y malas artes hay en todas partes.
De esa manera, mi abuela.
Si la mar fuera vino, todo el mundo sería marino.
Cuando las barbas del vecino veas pelar, pon las tuyas a remojar.
Casadme, padres, casadme, que el cuerpo me arde.
Cuando ya el año caduca, le escuece el pavo la nuca.
Sábados a llover, viejas a beber, putas a putecer.
Pronto será un limosnero el que no puede decir no.
Dios hizo la curación y el médico se llevó los agradecimientos.
Otoñada de San Mateo, puerca vendimia y gordos borregos.
Nadie es tan alto, que no este al alcance de la mano de su enemigo.
Ni camino sin atajo ni campana sin badajo.
Qué bonita es la vergüenza, mucho vale y poco cuesta.
De lo que no veas, la mitad sólo creas.
A veces el amor perfecto llega con el primer nieto.
Ama a quien te ama, y no a quien te ilusiona.
En amores o en dinero, no existe amigo sincero.
Si bien canta el abad, no le va en zaga el monacillo.
El oficial hace la obra, y el maestro la cobra.
Perro que ladra, guarda la casa.
Carta cortés, cada dos renglones, mentiras tres.
Pasado el tranco, olvidado el santo.
Un ojo al gato y otro al garabato.
Las desgracias vienen juntas, y las gracias muy espaciadas.
Juan de las Bragas, si no quieres que te lo digan, no las hagas.