El corazón del ñame solo lo sabe el cuchillo.
El cuerdo nunca se satisface de lo que hace.
El dar y el tener, seso ha de menester.
El francés no es de natura si no prende al que se asegura.
El golpe de la sartén, siempre tizna y no hace bien.
El gusto se rompe en géneros.
El hablar, es más fácil que el probar.
El hombre astuto, hasta de los males saca buen fruto.
El hombre que desea estar tranquilo ha de ser sordo, mudo y ciego.
El infierno no sirve para quemar paja.
El ingenio obvia dificultades,.
El juego de la correhuela, cátale dentro y cátale fuera.
El juego lo conozco yo; pero el jugador no.
El loco, por la pena es cuerdo.
El mal caldo, hirviendo y soplando.
El mal del milano, las alas quebradas y el pico sano.
El mal hablar es semilla del mal obrar.
El mal para quien lo fuere a buscar.
El más abusado se ahoga en el vado.
El más cuerdo, más callado.
El mejor premio es merecerlo.
El melón, largo, pesado, escrito y borrado.
El mirón, ¡chitón!.
El monte tiene ojo.
Nota: (Proviene de Diógenes de Sinope, también conocido como Diógenes el Cínico)
El necio hace al fin lo que el discreto al principio.
El oficial que no miente, sálgase de entre la gente.
El papel puede con todo.
El papel que se rompa él.
El pensamiento anda siempre de viaje, ni peaje, barcaje ni hospedaje.
El pensamiento postrero es más sabio que el primero.
El perfume bueno siempre viene en potes pequeños.
Variante: El perro viejo, si ladra, da consejo.
El "porque sí" y el "porque no" son la razón de la sinrazón.
El que a caracol ara, o sabe mucho o no sabe nada.
El que aconseja, no paga.
El que araña y muerde, poco puede.
El que bien huele, mal hiede.
El que bien vive, harto letrado es.
El que busca en yaguas viejas encuentra cucarachas.
El que canea, no calvea.
El que chatico nació, no puede ser narigón.
El que coge la zorra y la desuella, ha de saber más que ella.
El que de refranes se fía, no llega bien al mediodía.
El que de servilleta llega a mantel, Dios nos libre de él.
El que escucha su mal oye.
El que es exagerado, siempre queda mal parado.
El que las sabe, las tañe.
El que más mira menos ve.
El que mide el agua al charco es el que lo conoce.