Amo bravo y mozo harón, a cada rato cuestión.
Las buenas labores honran a los labradores.
De nadie esperes lo que por ti mismo hacer pudieres.
Al amigo, con su vicio se le debe querer y atender.
Necio que calla por sabio que pasa.
No hay asqueroso que no sea escrupuloso.
No me castigues con el látigo de tu desprecio.
Mantente cerca del Gran Espíritu.
Dios te dé paz y paciencia y muerte con penitencia.
Leal El amigo, al bien y al mal se para.
De quien mira al suelo, no fíes tu dinero.
Intimar con ninguno; trato con todos.
De tus hijos solo esperes lo que con tu padre hicieres.
Amor que no se atreve, desprécianlo las mujeres.
Al amigo no apurarlo ni cansarlo.
Del favor nace el ingrato.
Entiende bien la dicción, antes de armar discusión.
Secreto entre reunión es de mala educación.
Quien no valora la vida, no se la merece.
Hay que dar para recibir.
Dando gracias por agravios, negocian los hombres sabios.
A toda ley, ama a Dios y sirve a tu rey.
Amor fino y buena mesa no quieren prisa.
Suerte, y al toro.
A gran culpa, suave comprensión.
Consejo es de sabios perdonar injurias y olvidar agravios.
Ofrecer y no dar, es deber y no pagar.
Mira primero lo que haces, para que no te arrepientas después.
Más merezco; pero contigo me conformo.
Dinero no falte, y trampa adelante.
Se pueden encontrar seguidores sinceros no por la fuerza sino por buenos modales.
Por falta de un amén, que no se pierda un alma.
De amigo reconciliado y de fraile colorado, guárdate con cuidado.
El que está en pié, mire no caiga.
Tempero de San Miguel, guárdete Dios de él.
Lisonja hostiga, nobleza obliga.
Hasta la muerte, anda con pie fuerte.
Putas y toreros, a la vejez os espero.
El mirón mirar, pero sin chistar.
Nadie aprecia el bien que tiene, mientras que no lo enajene.
Amar a todos, confiar en nadie.
Se olvida una buena acción, y no un buen bofetón.
Entre hermano y hermano, no metas la mano.
El agradecido demuestra ser bien nacido.
Amistad entre desiguales, uno es señor y el otro el servidor.
Ni juegues ni trates con mujeres y vivirás como quieres.
No hay dicha, sino diligencia.
Por ruin que el huésped sea, el mejor lugar se le deja.
Nunca se aparten de ti la misericordia y la verdad; Atalas a tu cuello, Escríbelas en la tabla de tu corazón; Y hallarás gracia y buena opinión ante los ojos de Dios y de los hombres. Proverbios 3:3-4
Dos no riñen si uno no quiere.