A la que te criaste, te quedaste.
La zorra no se anda a grillos.
Planta eucaliptos para ti, pinos para tus hijos y robles para tus nietos.
La primera mujer, escoba, y la segunda, señora.
Riñen los amantes y quiérense más que antes.
Vale más buena cara que un montón de halagos
Casa sin fuego, cuerpo sin alma.
Del odio al amor hay solo un paso.
El que al amigo desea gran prosperidad, desea se deshaga la amistad.
El que tenga hijo varón, no llame a otro ladrón.
La curiosidad anda en busca de novedad.
La cosa bien pensada jamás es errada.
El alcalde de mi pueblo me lo enseñó: quítate del medio que me pongo yo.
Riña de amantes, agua referescante.
El perro con rabia, de su amo traba.
A unos da Dios ovejas, a otros, orejas. A veces perdiendo se gana.
La mar y a la mujer, de lejos se han de ver.
En la paz y en la guerra, el que matan muerto queda.
Amor con casada, vida arriesgada.
Guardaré hoy que puedo; que quizás mañana no mueva un dedo.
Al mal pagador más vale darle que prestarle.
Carta echada, no puede ser retirada.
A la madrastra, el nombre le basta.
A un hombre no se le puede juzgar por las apariencias.
Dos cuervos no se sacan los ojos.
Todos: mozos, viejos, reyes y pastores estamos sujetos a sentir amores.
Cada uno va a su avío, y yo, al mío.
Mente pura e intención pura otorgan visión clara, sabiduría y profundidad de comprensión.
El buen caballo de ladridos no hace caso.
Si usted tiene mucho, dé algunas de sus posesiones; si usted tiene poco; dé algo de su corazón.
Con persona de pelo panojo, mucho ojo.
Amor antiguo no se oxida
Cada mozo lancee su toro.
Quitáronle a la tuerta, y diéronlo a la ciega.
Todos los hombres se entenderían bien sin las palabras mio y tuyo.
Para colmo de males, tratar con animales.
Tan solo debes sembrar lo que puedas abonar.
Al pan se arrima el perro.
La libertad vale más que el oro
Casa convidada, pobre y denostada.
Llanto de viuda, presto se enjuga.
Cuando hay orden, hay muy poco que hacer.
Oficio ajeno, dinero cuesta.
No hay mujer que no lo de, sino hombre que no lo sepa pedir.
Oír como quien oye llover.
La ignorancia es muy atrevida.
Con tontos, ni a coger hongos.
El que siembra espinas que no espere cosechar flores.
Ausentes y muertos, nadie se acuerda de ellos.
Para morirse, siempre hay tiempo.