Hacer de necesidad virtud.
No hay espada contra la simpatía afectuosa
El uso hace al maestro.
Quien sabe ceder, sabe vencer.
A can que lame ceniza, no fiarle harina.
Del cura, lo que diga; del médico, lo que haga; y del boticario ni lo que diga ni lo que haga.
El corazón es una riqueza que no se compra ni se vende, se regala
El cielo escucha las plegarias del corazón, no de la voz.
El que avisa no es traidor.
Cazador, mentidor.
El que no se fía, no es de fiar.
De corsario a corsario, no se pierden sino los barriles.
Ir contra la corriente, no es de hombre prudente.
El que utiliza un gran haz de leña para cocinar no tiene consideración con el que ha de recoger la leña.
Hombre chico, pensamientos grandes.
Heredar hace medrar; que no trabajar.
No hay moneda que no pase, ni puta que no se case.
Le da siempre algún recelo, al calvo que pierde un pelo.
Muerto que no hace ruido, mayores son las súas penas.
Quédate quieto y el mundo te tomara por filósofo.
Una pena quita a otra pena.
El ladrón sin ocasión para robar, se cree un hombre honrado.
El amor vence todo.
Lo poco, nunca dio mucho.
Escucha lo que ellos dicen de otros, y sabrás lo que ellos dicen de ti.
Nadie se mira su moco, pero sí el que le cuelga al otro.
A la vejez aladares de pez.
Para el amor y la muerte no hay casa ni cosa fuerte.
Al viejo recién casado, rechazarle por finado.
La sinceridad viene del alma y se lee en el rostro de los sencillos
Bendita la casa que a viejos sabe.
Vengas enhorabuena si traes la cena.
El que vale, vale, y el que no a la Marina.
Pedir más es avaricia.
Toma casa con hogar y mujer que sepa hilar.
Es mejor pecar poco que confesar mucho
Sin pan y vino, no hay amor fino.
El amor no quiere consejo.
Llagas hay que no curan, y toda la vida duran.
Vive cada día de tu vida como si fuera el último... un día acertarás.
Valor y querer, facilitan el vencer.
De baldón de señor, o de marido, nunca zaherido.
Quien acomete vence.
A Roma por todo.
Coge una abeja amablemente y aprenderás las limitaciones de la amabilidad.
Dios está en todos lados pero atiende en la capital.
Las treguas no son de demandar al tiempo de la muerte, ni de dar.
A cada pez le llega su vez.
Amistad verdadera o fingida, el tiempo la examina.
Amor, tos y humo no se pueden esconder