La gracia del barbero es sacar la patilla de donde no hay pelo.
A quien te engañó una vez, jamás le has de creer.
Querer a quien no me quiere, mal haya quien tal hiciere.
De noche todos los gatos son negros.
Quien más tiene, más quiere.
Cacarear y no poner, si malo en la gallina, peor en la mujer.
Deprisa viene el mal, pero cojeando se va.
Buitres y milanos, primos hermanos.
Al que le sobre el tiempo que se ponga a trabajar.
Al que no sabe de vacas, la boñiga lo embiste.
Para que la cruz vaya a mi casa, que vaya a la ajena.
Antaño me mordió el sapo, y hogaño se me hincho el papo.
A gran salto, gran quebranto.
Solo el hombre prudente puede emplear bien sus ocios.
La lengua es el castigo del cuerpo.
En casa del mezquino, más manda la mujer que el marido.
Dios acude siempre.
En priesa me ves, y doncellez me demandas.
El que apurado vive, apurado muere.
Reza, pero no dejes de remar.
Agua vertida, mujer parida.
Favorece a quien te ayudó y olvida al que se negó.
Lo barato, sale caro.
Olla remecida u olla bien cocida.
La pérdida de un amigo, es la mayor pérdida.
Los sirvientes no son diligentes si el amo es descuidado.
Estar como un gallo en paté.
Donde tengas la olla no metas la polla.
Hay que hacer de tripas corazones.
Un libro abierto es un cerebro que habla; cerrado un amigo que espera; olvidado, un alma que perdona; destruido, un corazón que llora.
Tal vendrá que tal te quiera.
Ese no es santo de mi devoción.
Lo pasado, pasado, borrón y cuenta nueva.
Bizcocho de monja, fanega de trigo.
Al César lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios.
No siempre llega primero, quien camina más ligero.
Cuando menos lo piensa el guapo, le sale la jaca jaco.
Golondrina que con el ala roza la tierra, agua recela.
Cobre gana cobre, que no huesos de hombre.
Labor de Mencia, murmurar de noche y holgar de día.
Reborada al poniente, bueno al siguiente.
Le vale mucho más al cuerdo la regla, que al necio la renta.
Adán comió la manzana y aún nos duelen los dientes.